Estado de Sitio (IV) La conquista del Poder.

Se suponía que el Parlamento era el lugar donde radicaba la voluntad popular manifestada democráticamente en las urnas. Realmente no era así. La Ley Electoral favorecía a dos grandes partidos casi idénticos que se turnaban en el poder y que siempre coincidían en los temas considerados de Estado, es decir, los que atentaban contra los derechos del pueblo. Los pequeños partidos eran vigilados por el sistema de manera que se les pudiera neutralizar si se salían de cierto límite mediante el soborno o la desaparición de líderes si el vil metal no cumplía su función corruptora.

El Poder Judicial no era independiente ya que los políticos eran quienes  colocaban en el cargo a los jueces y les hacían medrar. No valía la pena denunciar nada ya que ni era escuchado el denunciante. Además pleitear suponía un dineral fuera del alcance de la mayoría que encima corría el riesgo de ser acusado de calumnia y de pagar las abultadas costas. Ya que la oligarquía se tomaba la justicia por su mano, eso era lo mejor que se podía hacer. Que un banco a través del juez de turno manda desahuciar a un obrero, se fabrica un cóctel Molotov y se lanza sobre la sucursal correspondiente. De este modo, se piensan más eso de tirar a la calle a una familia sin recursos. No hay que suplicar nada sino destruir hasta los cimientos la injusticia viniera de donde viniera. Al día siguiente, los media condenarían la acción terrorista, mientras que callarían si el desahuciado se hubiera suicidado con toda la familia haciendo explotar el gas con todos dentro. De esto, ni pío no sea que cunda el ejemplo.

Los rumores que anunciaban una gran huelga general revolucionaria acompañada de acciones de todo tipo eran cada vez más insistentes. Los obreros tenían moral de victoria mientras la oligarquía se dedicaba a la fuga de capitales. Había que actuar lo antes posible. Solo quedaba por cerrar una negociación. En el Ejército había un amplio sector que no se sentía bien con los fascistas de los generales y que veían con simpatía la rebelión de estudiantes, empleados, obreros, pensionistas y resto de las capas populares. La idea era que se sumaran a los revolucionarios un día que el Jefe del Estado estuviera en el Parlamento y tomar el poder.

Finalmente, llegó el día. Los soldados solidarizaron con el pueblo del cual venían. Era la jornada del pleno parlamentario. El Jefe del Estado iba a dar su discurso. El recinto estaba rodeado con vallas y soldados armados a los que se unieron una multitud de proletarios. Se ordenó a los tanques disparar sobre los traidores, pero se negaron. En su lugar movieron los cañones hacía donde estaban los politicastros y dispararon evitando herir a nadie. Sin ninguna resistencia, tomaron el centro del poder y detuvieron al Dictador – que eso era – y a sus principales acólitos. Se formó una Asamblea Constituyente para la creación de una República Federal con derecho a la Autodeterminación de sus miembros.

En la calle siguieron los acontecimientos violentos durante un tiempo ya que la oligarquía tenía muchos tentáculos por todo el territorio. Escuadrones de soldados y obreros tomaron los puntos neurálgicos del país. Se detuvo a los Generales que no habían huido, a los propietarios del capital, grandes empresas, bancos… evitándose que siguiera la fuga de capitales. Se realizaron socializaciones y colectivizaciones. El agua, la luz, el gas y afines se gestiononaría de manera democrática y pública. Se abolió la propiedad privada de grandes negocios y fortunas. La educación y la sanidad pasaron a ser servicios públicos gestionados por el Estado al servicio de todos. La Iglesia perdió sus propiedades y privilegios conservando el culto religioso fuera de la escuela. En definitiva, se fue haciendo lo que convenía a los proletarios. Poco a poco, se fueron abriendo las alamedas por las que circularía el hombre libre; un hombre nuevo solidario y fraterno que acabaría con la codicia, la explotación y el abuso de poder sin falsos dioses ni tiránicos amos. Todo estaba por hacer y todo era posible.

 

Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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