Mi abuelo acostando a los lagartos en una cajita con la rana y el gato mientras unos soldados vomitan sobre los pechos de la prostituta (II)

Se me volvió a aparecer mi madre.
“Venga, Regí, que tengo una sorpresa para ti en mi pueblo.”
Me tomó de la mano y volamos a la velocidad del pensamiento.

Ya en Úbeda entramos en su casa.
Había cuatro niñas llorando, dos lagartos dormidos, mi abuela y mi abuelo.

“Nieto, si supieras lo que te quise… pero morí pronto.
Yo sé que tienes preguntas que hacerme.”

Mi yayo iba vestido de miliciano de la UGT
y, tras la puerta, tenía su fusil sin balas.

“Dime, abuelo, te condenaron a muerte”

“Pues sí, y eso que jamás maté a nadie.

“Yo era camillero, como lo fui en la Guerra de Melilla”.

“Sé que la yaya sufrió mucho. Estuvo enamorada de ti hasta la muerte”

“Tuve suerte. Franco necesitaba esclavos para su obras faraónicas
y a mí me destinaron a la construcción del pantano del Tranco, en Beas del Segura”

“Eso me dijo mi madre. Cadena perpetua.
El maldito accidente por falta de medidas de seguridad.
Quedaste inválido y te llamaban “carroña roja” en lugar de “caballero mutilado”
que así llamaban a los suyos. El médico asesino se negó a curarte.”

“Veo que tu madre, que era una niña inteligente, te lo refirió todo.
“Como ya no les servía y las cárceles estaban llenas a rebosar,
me desterraron. Nos fuimos a València y allí naciste tu.

“Ahora debo dejarte y volver a mi tumba, nieto,
no olvides que estoy muerto”.

Nos dimos un beso y mi abuelo se desvaneció entre mis brazos
no sin dejar antes un helado en mis manos. En València era vendedor ambulante.

Entré en la casa. Mi madre seguía siendo una niña pero ya no lloraba.
Me dirigí a mi abuela mientras cogía el fusil del yayo.

“Yo os protegeré. Necesito dormir un poco y unas balas”

Miré mi mano derecha y descubrí con sorpresa que tenía unas cuantas.

Una de las niñas, que era mi madre, le preguntó a la yaya por sus primos mayores.

“Mirad qué guapos están en estas fotos vestidos de milicianos. Ya vendrán de permiso.”

En sueños escuché la conversación. No volverían jamás. Franco mandó decir en Francia
que quien no se hubiera manchado las manos de sangre podía venir a la Patria que les esperaba con los brazos abiertos.

Tenían tantas ganas de volver que se lo creyeron y se presentaron en la frontera.
Los metieron en un camión junto con otros desdichados y los fusilaron sin más
unos km. arriba o abajo.

Medio siglo después no hubo ni comunicación a la familia ni entrega de los cadáveres.
En alguna fosa común yacen los fusilados.
Sobre ella, una pareja de lagartos llora mucho más que si hubiera perdido mil anillos de desposados.

Mi madre me dijo: “Hijo, nos vamos que me he puesto muy triste.
No he llorado porque estoy muerta.
Esas fotos las conservo yo en València son para ti, el mayor.
Eran más jóvenes que tu ahora.
Deja aquí el fusil y las balas. ¡Maldito sea quien promueve guerras y fabrica armas!”

Me desperté y no podía dormir, así que me puse a leer Poeta en Nueva York, de Lorca, hasta la amanecida. En el congelador estaba el helado que mi abuelo me había dado.

Son los cementerios, lo sé, son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena,
son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.

Llegaban los rumores de la selva del vómito
con las mujeres vacías, con niños de cera caliente,
con árboles fermentados y camareros incansables
que sirven platos de sal bajo las arpas de la saliva.
Sin remedio, hijo mío, ¡vomita! No hay remedio.
No es el vómito de los húsares sobre los pechos de la prostituta,
ni el vómito del gato que se tragó una rana por descuido.
Son los muertos que arañan con sus manos de tierra
las puertas de pedernal donde se pudren nublos y postres.

De Poeta en Nueva York.


EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO – Paco Ibañez/Lorca/Rafa Simón

 

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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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2 respostes a Mi abuelo acostando a los lagartos en una cajita con la rana y el gato mientras unos soldados vomitan sobre los pechos de la prostituta (II)

  1. Manel Artero ha dit:

    Che, Regí, m’has humitejat els ulls més del compte.

    Abraçada.

    • rexval ha dit:

      Això és no per als ulls, Ara que van deixant-nos una darrere l’altre m’agradaria escriure les seues històries.

      salut.

      PD Aquesta és la part materna a Andalusia; em queda la paterna a València

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