La ejecución del rey. Albert Camus.

Albert Camus - Henri Cartier-Bresson -


En los últimos siglos, cinco han sido las principales formas del Estado que ha conocido Europa. La más antigua es la monarquía absoluta, de carácter hereditario y de origen divino. El Rey lo es por la Gracia de Dios y no debe rendir cuentas al pueblo puesto que es inviolable. Es un autócrata que detenta el poder absoluto. La Iglesia es su principal aliada, ya que justifica la institución ante el ignorante pueblo. A cambio, el estamento sacerdotal recibe numerosos privilegios que lo hacen rico y poderoso. Religión y Estado van unidos.

Solemos oír que Inglaterra, con su parlamento, es la democracia más antigua del mundo, pero se omite que se llegó a este punto tras una revolución y guerra civil en el siglo XVII entre los partidarios del monarca y los del parlamento. Venció este último y se ejecutó al Rey, nombrándose a otro que estuviera por debajo del parlamento según la sentencia: “El rey reina pero no gobierna”. Este monarca ni es de origen divino ni inviolable, pudiendo ser destituido por el gobierno o parlamento.

Las ideas de la Ilustración se extendieron por buena parte de Europa y América durante el siglo XVIII. En Francia, se constituye la primera república burguesa moderna, de carácter liberal. Como es sabido, se llegó a ella tras la revolución francesa, guerra civil y ejecución del monarca absoluto reinante, Luis XVI de Borbón. Se considera que el poder emana del pueblo, de la nación, de los ciudadanos. El jefe del Estado es el Presidente de la República elegido por sufragio censitario o universal. Se diferencian en que en el primer caso solo votan los más ricos y poderosos y, en el segundo, todo el pueblo (los varones en aquel entonces). Su lema será: “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

Surgió la república socialista en el siglo XX en un país tan atrasado como Rusia bajo los zares. La sucesión de los acontecimiento es idéntica a los casos anteriores: extensión de las ideas socialistas de Marx, Engels, etc., revolución, guerra civil y proclamación de la república bajo el lema: “Todo el poder para los soviets“. El Zar, de la casa Romanov, y su familia son ajusticiados. En este caso, quien lleva las riendas del Estado es un líder revolucionario que lo ejercerá de manera permanente hasta su muerte. La propiedad privada queda abolida y los medios de producción pasan a ser colectivizados.

Finalmente, podemos considerar el caso de la anarquía o acracia. Forma de gobierno que prescinde del Estado y donde las instituciones son formadas por el libre acuerdo, es decir, sin usar la fuerza para obligar a otros. En términos generales el anarquismo plantea una sociedad políticamente organizada sin Estado en unidades de producción de base, como las colectivizaciones, que a su vez se unen entre sí creándose redes de distribucuón de servicios, etc. Los acontecimiento son similares a los anteriores: extensión del pensamiento de sus teóricos: Bakunin, Proudhon…, golpe de estado reaccionario y guerra civil (caso de España), establecimiento de las colectivizaciones, etc.

Resulta evidente que estos cambios no se dan metiendo papeletas en urnas, sino tomando el poder por la violencia aunque hay alguna excepción como la independencia de Noruega de Suecia mediante referéndum a principios del siglo XX. El nuevo Estado adoptó la forma de monarquía parlamentaria. En la práctica existen situaciones intermedias y casos en los que la teoría no coincide como debería con la práctica. Tenemos muchos ejemplos porque nada es perfecto. Uno es el del reino de España bajo los Borbones en los siglos XIX y XX: abolición de la Constitución de 1812, caciquismo, aceptación de dues dictadures, destronamiento de Isabel II y Alfonso XIII, restauración de la monarquía por decisión de un dictador, corrupción, etc.

Si miramos con un poco de atención veremos que las formas de Estado son consecuencia de la violencia. Los Estados nacen de este modo y se conservan y expanden asimismo por ella. Esta violencia se materializa en el ejército, garante del orden establecido. No hemos de olvidar, tampoco,  la importancia de la economía en las relaciones de poder. Riqueza y poder van unidos.

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El rey Luis XVI de Borbón es guillotinado.

Saint-Just  fue un político revolucionario radical francés. Sus partidarios lo llamaron el “arcángel de la Revolución” y sus detractores el “arcángel del Terror” por haber organizado los arrestos y persecuciones de muchas de las figuras más famosas del momento histórico que le tocó vivir.

Albert Camus fue un escritor y filósofo francés de origen argelino galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1957, considerado junto con Jean-Paul Sartre uno de los principales miembros del existencialismo: movimiento que se plantea el sentido de la vida no del hombre en abstracto sino en concreto. Su obra fue muy influyente tras la II Guerra Mundial. Se compone de novelas, relatos cortos, teatro y ensayos. Miembro del partido comunista francés, fue expulsado por divergencias ideológicas que lo aproximaban al anarquismo.

 El hombre rebelde es un tratado filosófico de Albert Camus sobre la rebeldía, o sobre cómo y por qué a lo largo de la historia del ser humano se levanta contra dios o el amo. Publicado en 1951, examina tanto la rebeldía como la revuelta, que para Camus deben ser vistas como un mismo fenómeno manifestado en el ámbito personal y social respectivamente. A continuación un extracto del capítulo titulado La ejecución del Rey donde el revolucionario Saint-Just, seguidor del filósofo ginebrino Rousseau, expone sus motivos para que el rey sea ejecutado en el contexto de la Revolución Francesa. Llega a sostener que todos los reyes son usurpadores y criminales, enemigos del pueblo que han de ser condenados a muerte.

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El revolucionario francés Saint-Just.

Saint-Just introdujo en la historia las ideas de Rousseau. En el proceso del rey, lo esencial de su demostración consistió en decir que el rey no era inviolable y que debía ser juzgado por la asamblea, no por un tribunal. En cuanto a sus argumentos, los debía a Rousseau. Un tribunal no puede ser juez entre el rey y el soberano. La voluntad general no puede ser citada ante los jueces ordinarios. Está por encima de todo. Se proclaman, pues, la inviolabilidad y la trascendencia de esta voluntad. Sabido es que el gran tema del proceso era, por el contrario, la inviolabilidad de la persona real. La lucha entre la gracia y la justicia halla su ilustración más provocadora en 1789, en que se oponen entonces, hasta la muerte, dos concepciones de la trascendencia. Por lo demás, Saint-Just percibe perfectamente la grandeza de la apuesta: «El espíritu con el que se juzgará al rey será el mismo que aquel con el que se establecerá la República».

El famoso discurso de Saint-Just tiene así todos los aires de un estudio teológico. «Luis extranjero entre nosotros», he aquí la tesis del adolescente acusador. Si un contrato, natural o civil, pudiera relacionar aún al rey con su pueblo, existiría obligación mutua; la voluntad del pueblo no podría erigirse en juez absoluto para pronunciar el juicio absoluto. Se trata, pues, de demostrar que ningún lazo ata al pueblo y al rey. Para probar que el pueblo es en sí mismo la verdad eterna, hay que mostrar que la realeza es en sí misma crimen eterno. Saint-Just establece como axioma que todo rey es rebelde o usurpador. Es rebelde contra el pueblo al que usurpa la soberanía absoluta. La monarquía no es un rey, «es el crimen». No un crimen, sino el crimen, dice Saint-Just, o sea la profanación absoluta. Es el sentido preciso, y al mismo tiempo extremo, de la frase de Saint

Just, a cuyo significado se ha dado una extensión excesiva: «Nadie puede reinar inocentemente». Todo rey es culpable y el simple hecho de que un hombre pretenda ser rey lo condena a muerte. Saint-Just dice exactamente lo mismo cuando demuestra a continuación que la soberanía del pueblo es «cosa sagrada». Los ciudadanos son entre ellos inviolables y sagrados y no pueden constreñirse si no es por la ley, expresión de su voluntad común. Luis, únicamente, no goza del beneficio de esta inviolabilidad particular ni del auxilio de la ley, pues se halla excluido del contrato. No forma parte de la voluntad general, blasfemando, al contrario, por su misma existencia, contra esta voluntad omnipotente. No es «ciudadano», única manera de participar de la joven divinidad. «¿Qué es un rey comparado con un francés?». Debe, pues, ser juzgado y asunto concluido.

Pero ¿quién interpretará esta voluntad y pronunciará el juicio? La Asamblea, que posee, por sus orígenes, una delegación de esta voluntad y que participa, concilio inspirado, de la nueva divinidad. ¿Se hará después ratificar el juicio por el pueblo? Es sabido que el esfuerzo de los monárquicos en la Asamblea acabó tratando este punto. La vida del rey podía sustraerse así a la lógica de los juristas burgueses para ser confiada, al menos, a las pasiones espontáneas y a la compasión del pueblo. Pero Saint-Just, también aquí, lleva su lógica al extremo y se vale de la oposición inventada por Rousseau entre la voluntad general y la voluntad de todos. Aun cuando todos perdonasen, la voluntad general no puede hacerlo. El pueblo mismo no puede borrar el crimen de la tiranía. ¿La víctima, en derecho, no puede retirar su demanda? No hablamos de derecho, hablamos de teología. El crimen del rey es al mismo tiempo pecado contra el orden supremo. Un crimen se comete, luego se perdona, se castiga o se olvida. Pero el crimen de realeza es permanente, va unido a la persona del rey, a su existencia. El mismo Cristo, si bien puede perdonar a los culpables, no puede absolver a los falsos dioses. Deben desaparecer o vencer. El pueblo, si perdona hoy, encontrará mañana el crimen intacto, aunque el criminal duerma en la paz de las prisiones. No hay, pues, más que una salida: «Vengar el crimen del pueblo con la muerte del rey».

 

 

Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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