Lengua, nación y nacionalismo español (I). El marxismo y la cuestión nacional.

Juan Carlos Moreno Cabrera. Lingüista. Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: Escritos sobre el nacionalismo lingüístico español. (Poned file:///C:/Users/Pep/Downloads/90._Lengua_nacion_y_nacionalismo_espanol.pdf en el buscador y llegaréis al trabajo completo).

a. Nacionalismo y no-nacionalismo.

En este artículo voy a analizar algunos aspectos de la relación entre el nacionalismo español y otros nacionalismos en el ámbito de la lengua, concretamente en la sección 6 haré referencia al nacionalismo asociado con la lengua gallega. Esos aspectos se cristalizan en última instancia en términos de la oposición entre lengua común y lengua propia, que examinaré en la sección 5 del presente artículo. Se considera habitualmente como lengua común el español y como lengua propia, cada una de las lenguas de las Comunidades Autónomas, por ejemplo, el gallego en Galicia. Esta dicotomía parece totalmente objetiva e indiscutible. Pero vamos a ver en este estudio que está recorrida de arriba abajo por los presupuestos de un nacionalismo oficialmente inexistente, pero que, a mi juicio, es el nacionalismo más virulento y manipulador que existe en estos momentos: el nacionalismo español. La manipulación más evidente que se asocia con este nacionalismo es la de que no existe o de que, como mucho, aparece en ciertos grupos marginales de la política actual. De aquí surge, como vamos a ver ahora, la dicotomía entre nacionalismo y no-nacionalismo, que parece recorrer toda la vida política del Estado español.

[Nota: El párrafo anterior se refiere al libro en cuestión completo al que podéis acceder a través del enlace anterior. Aquí tenéis una selección extensa del mismo en dos entregas subrayadas según mi propio parecer al que he añadido ilustraciones y vídeos. Un excelente lingüista que arroja luz sobre el tema.

En la segunda parte de esta entrada, el profesor Moreno Cabrera se referirá a estos temas desde una perspectiva marxista].

NACIONALISMO LINGÜISTICO ESPAÑOL-JUAN C. MORENO CABRERA

El nacionalismo lingüístico se ve como una concreción del nacionalismo en general y, debido a lo anterior, solo existen oficialmente nacionalismos lingüísticos asociados a algunas Comunidades autónomas, pero no se da la concreción lingüística del nacionalismo español, es decir, el nacionalismo lingüístico español, pues se parte de la falsa idea de que no existe el nacionalismo español como ideología dominante en nuestra sociedad. Por consiguiente, se considera muy a menudo que las políticas y discursos relativos a las lenguas injustamente denominadas autonómicas están ligadas a una ideología nacionalista. Por ello, conviene referirse a esta ideología antes de analizar la cuestión lingüística en el Estado español.

La ideología política dominante hoy en día en muchos discursos de personalidades e instituciones y en una parte muy importante de la opinión pública consiste en el establecimiento axiomático de una dicotomía indiscutida y, al parecer, indiscutible. Esta dicotomía se basa en las siguientes suposiciones: Hay en España una serie de ideologías nacionalistas cuyo fin es defender a toda costa sus intereses particulares como nación, incluida su lengua nacional, por encima y muchas veces en detrimento del interés general de España. Estas ideologías son muy frecuentemente particularistas, aislacionistas, impositivas, discriminatorias y egoístas. Los partidos nacionalistas del País Vasco (PNV, EA), de Cataluña (CiU, ERC) o de Galicia (BNG) son representantes de esta ideología mezquina y egoísta. Hay en España otras ideologías políticas no-nacionalistas que se basan o dicen basarse en el interés general del país por encima de particularismos y regionalismos y que consideran en pie de igualdad a todos los ciudadanos independientemente de su condición adicional de ciudadanos de alguna de las Autonomías. Frente a las ideologías particularistas, impositivas y manipuladoras típicas de los nacionalismos autonomistas, estas ideologías no-nacionalistas presentan una visión mucho más objetiva y mucho menos manipulada de la historia, índole y naturaleza de la sociedad española. Los partidos no-nacionalistas *(PP, PSOE, UPD) representan en mayor o menor medida esta ideología no-nacionalista. *(hoy PP, PSOE, C’S).

Albert Rivera, líder de Ciudadanos, partido diseñado contra el nacionalismo catalán y la lengua catalana. A nivel estatal existía un partido similar, UPD, españolista supremacista, supuestamente no-nacionalista. Al desaparecer éste, C’S junto con transfugas de otros partidos ocupó su espacio. Se le considera el partido de l’IBEX 35, especialmente del Banco de Sabadell. Está en contra de todas las lenguas autóctonas y trata de imponer el castellano en todos los ámbitos. En los parlamentos de comunidades con lenguas propias suele utilizar siempre el castellano. En muchos aspectos está a la derecha de PP y ha tenido relación con la extrema derecha.

Pero lo cierto es que los partidos que se definen como no-nacionalistas no solo defienden un concepto determinado de nación española y una lengua propia de esa nación, el español, sino que suelen anteponer la defensa de la unidad nacional y de la lengua española a cualquier consideración o actuación que impulsen o defiendan o en la que cooperen. No solo esto, sino que, además su discurso al respecto pretende desacreditar y desarmar ideológicamente las iniciativas y propuestas de los partidos nacionalistas autonómicos en lo tocante a su concepto de nación y de lengua propia de esa nación. La idea de la que parto en este artículo es que los partidos denominados no-nacionalistas, son nacionalistas en el peor sentido del término. Esa suposición ayuda a explicar muchos aspectos de los discursos ideológicos supuestamente no-nacionalistas o anti-nacionalistas y a poner al descubierto que la ideología nacionalista dominante, la española, se puede permitir el lujo de expresar de forma descarnada y sin tapujos muchas opiniones y propuestas que, en boca de los partidos denominados nacionalistas, resultarían claramente ofensivas, si no subversivas.

Como muestra, un ejemplo. El artículo 2 de la Constitución, que veremos en la sección tercera del presente artículo, en la caracterización del nacionalismo español, habla de modo directo y sin tapujos de la indisolubilidad de la nación española. Sin embargo, a los gallegos, catalanes o vascos es casi seguro que no se les admitiría un postulado similar respecto de sus naciones.

El marxismo está a favor del derecho a la autodeterminación de las naciones y a la separación ya que se opone a la opresión nacional y, por tanto, lingüística.

b. Nación y nacionalismo: Una perspectiva marxista.

Es perfectamente sabido que sobre los conceptos de nación y nacionalismo existe una enorme variedad de definiciones y análisis que ni de lejos podemos resumir y discutir en estas páginas, ni siquiera si reducimos la cuestión a la relación entre nación y lengua. Estas cuestiones se insertan, quiérase o no, dentro del ámbito político e ideológico. Por ello, es imprescindible adoptar un enfoque político, dado que aquellos enfoques que pretenden estar por encima de las posturas políticas e ideológicas caen casi siempre en un claro servilismo hacia una posición política e ideológica subyacente más o menos disimulada y determinada por la clase a la que se asocian de forma más o menos directa.

Voy a adoptar aquí un enfoque marxista, puesto que no pretendo tratar la cuestión desde el punto de vista de la clase o pueblo política e ideológicamente dominante, sino desde la perspectiva de las clases y de los pueblos dominados u oprimidos. Los que afirman estar por encima de estas posturas políticas caen de forma más o menos irremediable en un servilismo realmente vergonzoso respecto de las clases e ideologías dominantes. El punto de vista marxista se diferencia del punto de vista pequeño burgués por la rebeldía contra cualquier forma de opresión lingüística:

«Los marxistas lucharán contra cualquier forma de opresión nacional, incluida la lingüística. No se puede permitir que un hombre o mujer sea privado del derecho a hablar su lengua, a pensar en ella o a utilizarla en un juzgado o en cualquier otra función oficial.» (Woods, 2005, p. 40)

Un caso muy claro de esta intransigencia contra la opresión nacional lingüística es el del euskera:

«El euskera fue reprimido brutalmente por la dictadura española. Prohibida su enseñanza, su utilización en las instituciones y en la vida social, el euskera fue perseguido en todos los rincones de Euskal Herria, hasta en los cementerios. En esta actitud se hallaba el sello inconfundible del chovinismo español y su larga historia de atrocidades con las nacionalidades y minorías. Por eso cuando desde la barricada de la burguesía españolista se clama contra la ‘marginación’ del castellano en Euskal Herria o en Catalunya, en realidad lo que se pretende es volver a la situación en la que el castellano era utilizado para aplastar las lenguas maternas de las nacionalidades y prohibir las expresiones culturales en dichas lenguas. Por tanto, los marxistas defendemos la recuperación, el conocimiento y la utilización plena, oral y escrita, de las lenguas de las nacionalidades: el euskera, el catalán y el gallego. Los idiomas nacionales deben ser enseñados en las escuelas públicas con medios materiales y humanos suficientes y utilizados en las instituciones públicas sin ninguna restricción.»”(Val del Olmo, 2005, pp.:270-271)

A la pregunta de ¿qué es una nación? el marxismo no tiene por qué dar una definición filosófica alambicada y esencialista. Se puede simplemente decir que una nación es «una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura» (Woods, 2005, p. 45). Fuera de fundamentalismos y esencialismos pequeñoburgueses, es necesario reconocer el papel que desempeña el idioma como característica cultural de una nación. Según el autor que citamos la lengua «parece ser la marca más indistinguible de la nacionalidad.» (Woods, 2005, p. 45). A partir de la idea de que la nación está históricamente determinada, es a partir de donde podemos superar los conceptos burgueses de nación, basados en un idealismo y un esencialismo trasnochado e inoperante: «Una nación no es algo fijo y estático. Puede cambiar y evolucionar. Se pueden crear naciones donde no existían antes. Así es precisamente como llegan a surgir los Estados Nacionales modernos» (Woods, 2005, p. 46). El reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación es una de las premisas fundamentales del punto de vista leninista sobre las naciones: «reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación es el eje central de la posición de Lenin sobre la cuestión nacional» (Woods, 2005, p. 54). Sin embargo, este reconocimiento no se enuncia en abstracto, de modo absoluto, como se haría dentro de una concepción esencialista pequeño-burguesa, sino respecto de unas circunstancias históricas determinadas: «de ninguna forma Lenin consideraba el derecho a la autodeterminación como una panacea, aplicable universalmente en todas las circunstancias.» (Woods, 2005, p. 57). En general puede decirse que «la cuestión nacional siempre está subordinada a los intereses generales del proletariado y la lucha de clases, y es necesario defender la autodeterminación exclusivamente cuando promueve la causa del proletariado y la lucha por el socialismo en un caso concreto» (Woods, 2005, 60). Las ideas de Lenin son muy claras al respecto:

«Luchar contra todo nacionalismo y, en primer término, contra el nacionalismo ruso; reconocer no sólo la completa igualdad de derechos de todas las naciones en general, sino también la igualdad de derechos respecto a la edificación estatal, es decir, el derecho de las naciones a la autodeterminación, a la separación; y, al mismo tiempo y precisamente en interés del éxito en la lucha contra toda clase de nacionalismo de todas las naciones, propugnar la unidad de la lucha proletaria y de las organizaciones proletarias, su más íntima fusión en una comunidad internacional, a despecho de las tendencias burguesas al aislamiento nacional. Completa igualdad de derechos de las naciones; derecho de autodeterminación de las naciones; fusión de los obreros de todas las naciones; tal es el programa nacional que enseña a los obreros el marxismo, que enseña la experiencia del mundo entero y a la experiencia de Rusia.» (Lenin, 2005 [1914], 376)

Estas palabras escritas en 1914 encuentran su reflejo en las amargas palabras del testamento de Lenin escrito en el año 1922, que reconocen el fracaso parcial de su programa sobre las naciones no rusas: «creo que soy muy culpable, ante los obreros de Rusia, por no haber intervenido con la suficiente energía y rigor en el famoso problema de la autonomía, llamado oficialmente, a lo que parece, problema de la unión de las repúblicas socialistas soviéticas» (Lenin, 2000 [1922],p. 243). En las siguientes palabras de Lenin vemos a qué se refiere nuestro autor:

«Por lo tanto, el internacionalismo por parte de la nación opresora, o así llamada “grande” debe consistir, no solo en el respecto a la igualdad formal de las naciones, sino también en una desigualdad que compense, por parte de la nación opresora, de la gran nación, la desigualdad que se manifiesta prácticamente en la vida. Quien no haya entendido esto no ha entendido tampoco la actitud verdaderamente proletaria en relación con el problema nacional: ha quedado, en el fondo, en el punto de vista pequeñoburgués y, por consiguiente, no puede dejar de caer a cada instante en el punto de vista de la burguesía.» (Lenin, 2000[1922], p. 246)

Estas ideas se materializan en una política lingüística hacia las naciones no rusas muy distinta de la que Stalin llevó a cabo después de la muerte de Lenin:

«Es necesario introducir las reglas más rigurosas en cuanto al empleo de los idiomas nacionales en las repúblicas no rusas que forman parte de nuestra Unión, y verificar esas reglas con el máximo cuidado. No es dudoso que, con el pretexto de la unidad de los servicios ferroviarios, con el pretexto de la unidad fiscal, etc,., surgirán entre nosotros, con nuestro aparato actual, una infinidad de abusos auténticamente rusos. Para luchar contra dichos abusos hace falta una inventiva muy especial, sin hablar ya de la especial sinceridad de los que emprenden esa lucha. Será necesario un código minucioso, y sólo los nacionales que habitan la república serán capaces de elaborarlo con algún éxito.» (Lenin, 2000[1922],p. 247)

En su penetrante estudio sobre la revolución rusa, L. Trotsky describió perfectamente el tipo de opresión nacional rusa al que se refería Lenin:

«A medida que la revolución ganaba más ampliamente a las masas en la periferia, aparecía más claramente que la lengua oficial era allí la de las clases dominantes. El régimen de la democracia formal, debido a su libertad de prensa y reunión, daba lugar a que las nacionalidades oprimidas y atrasadas sintieran todavía más profundamente hasta qué punto estaban privadas de los medios más elementales de desarrollo cultural: escuelas, tribunales y funcionarios propios.» (Trotsky 2007 [1932], p. 714)

El diagnóstico de Trotsky es perfectamente indicativo de una situación que se da todavía en muchos lugares del mundo (incluida España):

«En realidad, la caída de la monarquía ponía por primera vez completamente de manifiesto, que no sólo los propietarios reaccionarios, sino también toda la burguesía liberal y, tras ella, toda la democracia pequeñoburguesa, con algunos líderes patriotas de la clase obrera, se manifestaban adversarios irreductibles de una verdadera igualdad de derechos nacionales, es decir, de la supresión de los privilegios de la nación dominante: todo su programa se reducía a una atenuación, a un refinamiento cultural y aun camuflaje democrático de la gran dominación rusa.» (Trotsky 2007 [1932], p. 725)

Al describir el nacionalismo español y su concreción lingüística voy a tener muy presentes las ideas de Lenin y Trotsky que he citado en esta sección. Ello me permitirá adoptar un punto de vista crítico revolucionario, que es el único que puede contribuir a acabar con los procesos de dominio y opresión política e ideológica experimentados aún por las naciones diferentes de la española que conviven en el estado español actual.

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M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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2 respostes a Lengua, nación y nacionalismo español (I). El marxismo y la cuestión nacional.

  1. Retroenllaç: Lengua, nación y nacionalismo español (II). La Constitución de 1978. | EL CAVALLER DEL CIGNE ciutadà valencià de nació catalana //*//

  2. Retroenllaç: Lengua, nación y nacionalismo español (III). | EL CAVALLER DEL CIGNE ciutadà valencià de nació catalana //*//

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