Por la religión y la patria. La Iglesia y el golpe militar de julio de 1936.

Religion y patria OK.inddLa Iglesia integrista colaboradora del fascismo franquista o nacional-catolicismo español.

Un ejemplo que he extraído del libro. Iban a fusilar a un grupo de personas. El cura no podía faltar. Uno a uno le arrimaba el crucifijo a los condenados para que lo besara. ¡Ay de aquel que no lo hiciera! Una mujer se negó a hacerlo. El buen curita se puso a golpearle la boca con el símbolo del cristianismo hasta que le rompió todos y cada uno de los dientes. Los caminos de Dios son inexcrutables. No me consta que jamás este tipejo recibiera su merecido ni que se conocieran sus crímenes durante el nacional-catolicismo ni después.

La Dictadura escondió los crímenes de los sacerdotes y hoy día la Iglesia no permite consultar libremente sus archivos a los estudiosos y eso que – como en tantos casos – se mantienen con fondos públicos. Casi todos los sacerdotes eran franquistas, pero no todos y fueron replesaliados por ello. En el caso vasco empezaron a fusilarlos pero el Papa ordenó que se detuviera la matanza. No llegó a una veintena los asesinados por Franco que – como devoto católico – tuvo que obedecer al Santo Padre a regañadientes.

  • El historiador publica el libro ‘Por la religión y la patria. La Iglesia y el golpe militar de julio de 1936’, junto al investigador José María García Márquez.
  • “Pese a estar subvencionada con fondos públicos, sigue controlando sus archivos“, dice Espinosa Maestre acerca de la Iglesia.
  • “La Iglesia ocultó dos cuestiones: los religiosos sacrificados por no ajustarse al canon nacionalcatólico y aquellos que se mostraron críticos”, asegura el escritor.
curas-canonesSacerdotes combatiendo contra republicanos.

La Iglesia no es que apoyara a los militares sino que estaba con ellos.

“La Iglesia, como integrante del golpe, obtuvo un poder enorme que aún conserva”

El historiador Francisco Espinosa Maestre afirma que la Iglesia Católica “fue clave y parte fundamental del golpe militar” del 18 de julio de 1936 que dio origen a la Guerra Civil española (1936-1939) y en cuya labor represiva subraya que tuvo una parte muy activa.

En la España convulsa de los años de la Segunda República, la guerra civil y el franquismo la Iglesia española fue a la vez víctima y verdugo. De lo primero, de sus sufrimientos y sus mártires, lo sabemos todo, puesto que la propia Iglesia no ha dejado de promover su memoria; de lo segundo, en cambio, no se suele hablar.”Se conoce muy bien, hasta el detalle, el daño sufrido por la Iglesia durante la Guerra Civil. Sin embargo, sabemos muy poco del daño causado por esa misma Iglesia a partir del 18 de julio de 1936″, esencialmente, argumenta -y así se expresa en el libro- porque la Iglesia no facilita el acceso a sus archivos para investigar.

Lo que impide incluso en nuestros días indagar sobre cuál fue su verdadero papel en la situación sociopolítica generada a partir del golpe de Estado y, en particular, en el aspecto de la represión ejercida contra todos aquellos sectores partidarios de la República. Espinosa Maestre subraya que “lo primero que se echa en falta es que la Iglesia, acatando la legalidad, permita a todos el acceso a los expedientes personales, que aclararían muchos de estos casos. Salvo en el caso vasco, se ignora el número y la historia de los sacerdotes que prefirieron cumplir su misión evangélica y no se unieron a los golpistas sino que intentaron evitar el conflicto.”

franco-bajo-palioFranco bajo palio eclesiástico.

En este libro Francisco Espinosa Maestre y José María García Márquez nos explican cómo, en pocos años, la Iglesia pasó de sentirse víctima de la República a colaborar con los piquetes de ejecución. Tras haber desempeñado un papel determinante en apoyo de los sublevados durante la guerra civil, cuando los obispos se exhibían brazo en alto junto a los militares sublevados, participó activamente en la construcción del estado dictatorial y se convirtió en una pieza clave de la maquinaria de la represión, que alimentó con denuncias e informes político-sociales. Son, éstas, unas verdades tal vez incómodas, pero necesarias para completar y equilibrar nuestra visión de lo sucedido en estos años.

“Acerca de su papel de víctima se sabe hasta la identidad y vicisitudes de todos ellos, incluso en muchos casos la de los responsables. Lo que todavía está por saber -recalca Espinosa- es su papel de verdugo. Y esa información la tienen ellos”, por lo que incide en la necesidad de que se proceda a la “plena apertura de archivos.”

francisco-espinosa-mFrancisco Espinosa Maestre (1954) es historiador. Pertenece al grupo de investigadores que desde los años 80 renovaron el estudio de la guerra civil y penetraron por primera vez en su capítulo más negro: la represión. Entre sus trabajos hay que señalar “Sevilla, 1936. Sublevación fascista y represión” (1990), “La guerra civil en Huelva” (1996), “Julio del 36. Golpe militar y plan de exterminio”, ensayo incluido en la obra colectiva coordinada por Julián Casanova “Morir, matar, sobrevivir” (Crítica, 2002), “La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz.” (Crítica, 2003), “La justicia de Queipo” (Crítica, 2005), “Contra el olvido. Historia y memoria de la guerra civil.” (Crítica, 2006), “La primavera del Frente Popular. Los campesinos de Badajoz y el origen de la guerra civil” (Crítica, 2007) y “Callar al mensajero. “La represión franquista, entre la libertad de información y el derecho al honor.” (2009).

jose-maria-garcia-marquezJosé María García Márquez (1950) es investigador. Ha catalogado los fondos judiciales militares relativos a Sevilla y Huelva del Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo. Cabe destacar entre sus obras La represión militar en La Puebla de Cazalla, 1936-1943 (2007), La UGT de Sevilla. Golpe militar, resistencia y represión, 1936-1950 (2008), Trabajadores andaluces muertos y desaparecidos en el Ejército Republicano (2009) y coautor de “La desinfección del solar patrio. La represión judicial militar en Huelva (1936-1945)”, publicado en la obra coordinada por Mirta Núñez Díaz-Balart La gran represión (2009).

Dos Iglesias.

A juicio de ambos investigadores, está muy claro que en la Iglesia del periodo republicano (1931-1939) y de la etapa de la Guerra Civil “siempre hubo dos líneas, la integrista representada por Gomá y la posibilista que siempre jugó Vidal i Barraquer”, y de ambas” acabó predominando de manera absoluta la primera.” Y esta línea integrista, según destaca Espinosa, era manifiestamente incompatible con la República, con lo que ésta representaba en aras de la formación de un Estado laico en el que la Iglesia ya no tuviera los privilegios de que había gozado hasta entonces, en particular en materia educativa y, también, en el control de muchos aspectos vinculados al derecho civil y de familia.

Para la Iglesia la propia existencia de la República y su firme apuesta por un estado laico resultaba una agresión insoportable”, afirma Espinosa. Ambos autores destacan en su libro que “la Iglesia tuvo gran cuidado en ocultar dos cuestiones: los religiosos sacrificados por no ajustarse al canon nacionalcatólico y aquellos que tuvieron serios problemas, hasta el extremo de perder la vida, por mostrarse distantes, críticos o incluso en abierta oposición a las prácticas del golpe militar fascista.” E incidiendo en este último aspecto, Espinosa recalca en la entrevista que “la Iglesia, como integrante del golpe, obtuvo un poder enorme que conserva y que no parece dispuesta a ceder ni en lo más mínimo y esto a pesar que la sociedad ya es muy distinta a la que ellos dominaron durante la dictadura.”

goma

Isidro Gomá, el integrista.

“La Iglesia no es que apoyara a los militares, es que estaba con los militares”. Esta es la tesis fundamental de Espinosa Maestre contenida en un libro fundamental que publica en Crítica con el ilustrativo título de ‘Por la religión y la patria. La Iglesia y el golpe militar de julio de 1936’, junto al investigador José María García Márquez. “Pese a estar subvencionada con fondos públicos, sigue controlando sus archivos”, dice Espinosa Maestre acerca de la Iglesia. “La Iglesia ocultó dos cuestiones: los religiosos sacrificados por no ajustarse al canon nacionalcatólico y aquellos que se mostraron críticos”, que fueron una minoría. asegura el escritor. El historiador Francisco Espinosa Maestre afirma que la Iglesia Católica “fue clave y parte fundamental del golpe militar” del 18 de julio de 1936 que dio origen a la Guerra Civil española (1936-1939) y en cuya labor represiva subraya que tuvo una parte muy activa.

Como dijimos, poco sabemos del daño causado por esa misma Iglesia a partir del 18 de julio de 1936. Esto se debe a que la Iglesia, impide incluso en nuestros días indagar sobre cuál fue su verdadero papel en la situación sociopolítica generada a partir del golpe de Estado y, en particular, en el aspecto de la represión ejercida contra todos aquellos sectores partidarios de la República. Espinosa Maestre subraya que “lo primero que se echa en falta es que la Iglesia, acatando la legalidad, permita a todos el acceso a los expedientes personales, que aclararían muchos de estos casos. Salvo en el caso vasco, se ignora el número y la historia de los sacerdotes que prefirieron cumplir su misión evangélica y no se unieron a los golpistas sino que intentaron evitar el conflicto.”

En su libro, ambos investigadores recogen y glosan unas palabras del histórico dirigente del Partido Nacionalista Vasco Manuel de Irujo, quien fue ministro de Justicia entre mayo y diciembre de 1937 en el gobierno republicano presidido por Juan Negrín. En el texto, se indica que Irujo -ferviente católico y, como todo el PNV, leal a la República- le comentó al cardenal Francisco Vidal i Barraquer (la figura más destacada del sector moderado de la Iglesia Católica frente al integrismo que representaron otros purpurados como Pedro Segura o el primado de España, Isidro Gomá) que la Iglesia había sido al mismo tiempo “víctima y verdugo”. “La Iglesia, como integrante del golpe, obtuvo un poder enorme que conserva” “Acerca de su papel de víctimas se sabe hasta la identidad y vicisitudes de todos ellos, incluso en muchos casos la de los responsables. Lo que todavía está por saber -recalca Espinosa- es su papel de verdugo. Y esa información la tienen ellos”, por lo que incide en la necesidad de que se proceda a la “plena apertura de archivos.”

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Vidal i Barraquer, el aperturista.

“Para la Iglesia la propia existencia de la República y su firme apuesta por un estado laico resultaba una agresión insoportable”, afirma Espinosa. Ambos autores destacan en su libro que “la Iglesia tuvo gran cuidado en ocultar dos cuestiones: los religiosos sacrificados por los fascistas por no ajustarse al canon nacionalcatólico y aquellos que tuvieron serios problemas, hasta el extremo de perder la vida, por mostrarse distantes, críticos o incluso en abierta oposición a las prácticas del golpe militar fascista.” Los archivos deben poder ser consultados ya que así tendríamos una visión más amplia de la realidad y se romperían las falsas ideas sobre el tema de los sacerdotes. Los fascistas mataban a los sacerdotes que no eran fascistas mientras había sacerdotes integristas que poarticiparon en la represión y asesinato de quie no comulgaba con Franco. Francisco Vidal i Barraquer, líder del sector moderado se negó a firmar la Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra en España redactada el 1 de julio de 1937 por el episcopado español a instancias de Franco, y no reconoció al régimen franquista. Por todo ello, la dictadura no le permitió el regreso a su sede e incluso presionó a la Santa Sede para que le obligase a renunciar, cosa que no fue aceptada por los papas Pío XI y Pío XII. Trasladado a Suiza ante la ocupación alemana, falleció en 1943, en la ciudad de Friburgo. Inicialmente, fue enterrado en un monasterio cartujo en Valsainte, aunque en mayo de 1978 sus restos se trasladaron a la Catedral de Tarragona, donde está enterrado.

Fuente: El libro citado, Por la religión y la patria. La Iglesia y el golpe militar de julio de 1936, reseñas y otras informaciones de Internet y elaboración personal.

Anexo: Capítulo Uno:

La conspiración permanente

La primera reunión orientada a abortar la recién proclamada república tuvo lugar el mismo 14 de abril, una vez que se conocieron los resultados de las elecciones municipales, que, como reconocieron al día siguiente el nuncio Tedeschini, Gil Robles o el mismísimo Romanones, funcionaron a modo de plebiscito entre monarquía y república. Tuvo lugar en la casa de Rafael Benjumea Burín, conde de Guadalhorce, y asistieron Eugenio Vegas Latapie, Fernando Gallego de Chaves, marqués de Quintanar, Ramiro de Maeztu, José Calvo Sotelo, José Yanguas Messía y José Antonio Primo de Rivera. La mayor parte de ellos, monárquicos y ultracatólicos, estaban relacionados de un modo u otro con la dictadura de Primo de Rivera. Allí se decidió «la constitución de una escuela de pensamiento contrarrevolucionaria para derrocar por todos los medios a la Nueva República». Ese mismo mes hubo otra reunión en Leiza (Navarra), en el domicilio de Ignacio Baleztena Azcárate, promotor y financiador de la trama carlista, «en la que se acordó la organización de los requetés en grupos paramilitares para enfrentarse a la República». Estas fuerzas ya hacen prácticas desde 1931. Según Javier Dronda, los primeros rumores sobre un golpe contra la República circularon ya por el norte en la primavera de 1931.2.

Para leer más →

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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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