LA INDUSTRIA DEL HOLOCAUSTO. Reflexiones Sobre la Explotación del Sufrimiento judío (III).

guetto warsawGuetto de Varsovia. Una niña está con una criatura muerta de hambre. Es falso que en el lugar solo hubiera judíos; también había gitanos que se han querido olvidar.

La explotación del dolor de las víctimas del Holocausto fue un hecho con los nazis, evidentemente, se trataba a los judíos como mano de obra esclava. Es conocido. Lo que muchos desconocen es que otras personas – judíos que no estuvieron bajo el yugo nazi – como la judería americana – hicieron negocio con los judíos del Holocausto apropiándose del dinero que circuló de Alemania o Suiza como reparación para las víctimas que nunca lo vieron. Esas compensaciones hay que buscarlas en la judería americana y en el Estado terrorista de Israel que consintieron que sus auténticos dueños pasaran necesidad. Eso sucedió aunque quieran negarlo. El autor de este libro, Norman Finkelstein, experto en esta temática así lo denuncia. También hubo en Europa judíos que por su cuenta y riesgo mintieron haciéndose pasar por supervivientes literalmente por un puñado de monedas como vimos en la entrada anterior.

Norman-Finkelstein-SaysNORMAN SAYS… Si Hamas hace saltar un autobús, como solía hacer en Tel Aviv, y luego dice … Teníamos la intención de destruir el vehículo, no los pasajeros! La gente se reiría!
Pero qué diferente es si Israel deja caer una bomba de una tonelada en un barrio dessmente popblado de Gaza, como lo hizo en julio de 2002, y luego dijo … Oh, no tenía intención de matar a los civiles sólo a un  terrorista palestino.

El término “sobreviviente del Holocausto” originalmente designó a quienes sufrieron el singular trauma de los ghettos judíos, los campos de concentración y los campos de trabajos forzados; frecuentemente en esa secuencia. El número de estos sobrevivientes al final de la guerra se calcula generalmente en unos 100.000.

Dado que el haber soportado los campos confiere una corona de mártir, muchos judíos que habían pasado la guerra en otros lugares se hicieron pasar por sobrevivientes de los campos. Aparte de ello, el otro motivo para esta impostura fue material. El gobierno alemán de postguerra pagaba compensaciones a judíos que habían estado en los ghettos o en los campos. Muchos judíos se fabricaron un pasado acorde con los requerimientos de este beneficio.

Mi madre solía exclamar: “Si realmente son sobrevivientes todos los que dicen serlo, ¿a quién mató Hitler?” De hecho, muchos académicos han manifestado dudas sobre la confiabilidad del testimonio de los sobrevivientes. “Una gran cantidad de errores que descubrí en mi propio trabajo”, recuerda Hilberg, “podía ser atribuido a testimonios”.

Debido a que los sobrevivientes resultan hoy reverenciados como santos seculares, nadie se atreve a cuestionarlos. Las afirmaciones más ridículas pasan sin comentarios. Elie Wiesel recuerda en su famosa memoria que, recién liberado de Buchenwald y con sólo dieciocho años, “Leí La Crítica de la Razón Pura” – ¡no se rían! – “en yiddish”. Dejando de lado que Wiesel reconoce que por ése entonces “Yo ignoraba completamente la gramática del yiddish”, La Crítica de la Razón Pura jamás se tradujo al yiddish.

En años recientes, el término “sobreviviente del Holocausto” ha sido redefinido para designar no sólo a los que los soportaron sino también a los que consiguieron evadir a los nazis. Incluye, por ejemplo, a más de 100.000 judíos polacos que hallaron refugio en la Unión Soviética después de la invasión nazi a Polonia. “Sin embargo, los que vivieron en Rusia no fueron tratados de un modo diferente que los demás ciudadanos del país”, observa el historiador Dinnerstein, mientras que “los sobrevivientes de los campos deconcentración tenían el aspecto de muertos vivos”.


Uno de los aportantes a un sitio web dedicado al Holocausto sostuvo que, si bien pasó la guerra en Tel Aviv, se consideraba un sobreviviente del Holocausto porque su abuela había muerto en Auschwitz. A juzgar por Israel Gutman, Wilkomirski es un sobreviviente del Holocausto porque su “dolor es auténtico”. La oficina del Primer Ministro israelí calculó la cifra de “sobrevivientes del Holocausto con vida” en cerca de un millón. El principal motivo que hay detrás de esta revisión inflacionaria es, de nuevo, no muy difícil de hallar. Esto tiene que ver con temas económicos, las indemnizaciones. Claramente las cifras están hinchadas para recibir más dinero.

La cuestión de las indemnizaciones ofrece una privilegiada aproximación a la industria del Holocausto. Al alinearse con los EE.UU. durante la Guerra Fría, Alemania fue rápidamente rehabilitada y el holocausto se olvidó. Sin embargo, a principios de los 1950, Alemania entró a negociar con instituciones judías y firmó acuerdos de indemnización.  Alemania ha pagado más de  60.000 millones de dólares.


El gobierno alemán trató de compensar a las víctimas judías a través de tres diferentes acuerdos firmados en 1952. Los damnificados individuales recibieron pagos de acuerdo a la Ley Federal de Indemnizaciones (Bundesentschädigungsgesetz). Un acuerdo por separado con Israel subsidió la absorción y rehabilitación de varios cientos de miles de refugiados judíos. Al mismo tiempo, el gobierno alemán negoció un acuerdo financiero con la Conference on Jewish Material Claims Against Germany (Conferencia de Demandas Materiales Judías Contra Alemania), una organización integrada por todas las principales instituciones judías, incluyendo al Comité Judío Norteamericano, al Congreso Judío Norteamericano, al B’nai Brith, al Joint Distribution Committee y así sucesivamente. Se suponía que la Conferencia de Demandas utilizaría los valores – 10 millones de dólares anuales durante 12 años, o sea aproximadamente mil millones a valores actuales – en beneficio de víctimas de la persecución nazi que habían quedado fuera del proceso de indemnizaciones.

Sin embargo, otras víctimas judías (y muchos que, de hecho, no fueron víctimas) recibieron pensiones vitalicias de Alemania por un total que llegó a sumar centenares de miles de dólares. Hubo disputa  sobre el tema. Algíun rabino se enfureció y dijo que solo le importaban a dos pleiteantes obtener el máximo dinero posible y nada mas.

También hubo, evidentemente, víctimas no judías, de hecho se considera que los judíos no constituyeron más del 20% de la población de los campos de concentración. Se abutltaron las cifras por motivos económicos principalmente. A más muertos o más perseguidos, tantos dólares. Si a los supuestos muertos les sumamos los supuestos supervivientes la cifra de personas es más que millonaria. Siempre me he preguntado si el dogma de los 6 millones es cierto y por qué es delito negar determinados hechos. Ya dije que soy antinazi, pero ello no significa que no pueda pensar por mí mismo. El autor de este libro, descendiente de judíos exterminados, no acepta esa cifra redonda.

A medida en que la industria del Holocausto juega con números para aumentar sus demandas por compensaciones, los antisemitas se burlan alegremente de los “mentirosos judíos” que hasta “mercadean” a sus muertos. Al hacer malabarismos con estos números, la industria del Holocausto, aunque más no sea sin querer, blanquea al nazismo. Raul Hilberg, la autoridad principal sobre el holocausto nazi, estima a los judíos asesinados en 5.1 millones. Sin embargo, si 135.000 ex-trabajadores esclavos judíos están todavía vivos, entonces unos 600.000 tendrían que haber sobrevivido a laguerra. Y eso es por lo menos medio millón más que las estimaciones usuales. Uno tendría que restar, pues, este medio millón del número de 5.1 millones de muertos. Y no es sólo que la cifra de los “6 millones” se vuelve más insostenible sino que los números de la industria del Holocausto se están aproximando rápidamente a los de los negadores del Holocausto. [Es decir, que los muertos fueron 4,5 millones de judíos]. Considérese que el dirigente nazi Heinrich Himmler estimó, en Enero de 1945, la población total de los campos en poco más de 700.000 y que, de acuerdo con Friedlander, aproximadamente un tercio de esta cifra había muerto para Mayo. Ahora bien, si los judíos constituían el 20% de la población sobreviviente de los campos y si, ta lcomo lo afirma la industria del Holocausto, 600.000 internos judíos sobrevivieron a la guerra, entonces un total de 3 millones de internos tuvo que haber sobrevivido.

El alegato usual es que la Solución Final fue un exterminio singularmente eficiente del tipo de una línea de montaje industrial. Pero si, tal como lo sugiere la industria del Holocausto, varios centenares de miles de judíos sobrevivieron, entonces la Solución Final no pudo haber sido tan eficiente después de todo. Tuvo que haber sido un asunto al azar – lo cual es exactamente lo que argumentan los negadores del Holocausto. Les extremes se touchent.

En una reciente entrevista, Raul Hilberg subrayó que los números cuentan en la comprensión del holocausto nazi. En verdad, los números revisados de la Conferencia de Demandas cuestionan radicalmente la comprensión que la propia Conferencia tiene del Holocausto. De acuerdo con el “documento de posición” utilizado por la Conferencia en su negociación con Alemania sobre trabajo esclavo: “El trabajo esclavo fue uno de los tres métodos principales utilizados por los nazis para asesinar judíos – siendo los otros el fusilamiento y el gaseo.” Uno de los propósitos del trabajo esclavo fue el de hacer trabajar a los individuos hasta matarlos… el término de trabajo esclavo es una expresión imprecisa en este contexto. En general, los amos esclavistas tienen un interés en preservar la vida y la condición de sus esclavos. Sin embargo, el plan nazi para los »esclavos« fue el de utilizar su potencial de trabajo y, después de ello, los »esclavos« serían exterminados.” Aparte de los negadores del Holocausto, nadie ha disputado que el nazismo previó este horrible destino para los trabajadores esclavos. Sin embargo, ¿cómo conciliar estos hechos comprobados con la pretensión de que cientos de miles de trabajadores esclavos judíos sobrevivieron a los campos de concentración? ¿No ha roto acaso la Conferencia de Demandas la pared que separa a la lúgubre verdad sobre el holocausto nazi de los negadores del Holocausto?

En un aviso a toda página en el New York Times , luminarias de la industria del Holocausto como Elie Wiesel, el rabino Marvin Hier y Steven T. Katz condenaron “la negación siria del Holocausto”. El texto atacaba al editorial de un diario oficial de Siria que alegaba que Israel “inventa historias sobre el Holocausto” a fin de “recibir más dinero de Alemania y de las sociedades occidentales”. Lamentablemente, la acusación siria es cierta. Sin embargo, la ironía – que le cabe tanto al gobierno sirio como a los firmantes del aviso – es que las propias historias sobre varios cientos de miles desobrevivientes constituyen una forma de negación del Holocausto.

Por no alargarnos demasiados, no hecemos referencia al tema del Holocausto y los países del Este. Tan solo apuntar que e todo ello hubo quien vio negocio.

Acabamos con unos párrafos de Rebelión que comentan aspectos interesantes de este libro:

“La industria del holocausto”, de Norman G. Finkelstein, judío, quita la sábana que hay sobre los cadáveres de judíos asesinados en Alemania nazi para que sepamos quienes son los gusanos que viven a costa de sus cuerpos.

Frente a las continuas campañas de venta de libros que explotan el holocausto de forma desvergonzada y lastimera, con la finalidad de difundir una idea de persecución exclusiva sobre los judíos, – últimamente hay alguno que no hacen más que anunciar en los medios de mayor difusión, por algo es, formando el anuncio con adjetivos como “emocionante” y “apasionante”, añadiendo la palabra “holocausto”, anzuelo para lectores inocentes-. Frente a esas lecturas explotadoras de conciencias desprevenidas, usted puede leer un libro cuya explicación es clara, inteligente, y creíble pues los datos que aporta aparecen con la fuente de la que han sido extraídos, su documentación es fidedigna, a esto se puede añadir que el autor conoce directamente los acontecimientos debido a la realidad familiar y social en la que ha vivido. “La industria del holocausto”, es una denuncia en toda regla del carácter de la poderosa mafia que tiene a su cargo el estado de Israel, y es una denuncia de la poderosa mafia que impulsa la propaganda judía-sionista, de los sistemas de presión que ésta emplea, las campañas que emprende esa mafia, y con qué organizaciones cuenta y cómo las ponen en marcha y las desarrolla. Finkelstein entra a ver el dinero con qué las financian; los personajes públicos, las empresas, los medios con los que ejercen influencias – campañas publicitarias, presiones bancarias, operaciones internacionales de gobiernos, operaciones militares,…- que no dejan lugar a dudas de su esencia de clase explotadora, racista e imperialista.

Finkelstein advierte de lo grotesco del discurso judío-sionista, fijese, habiendo robado la tierra a los palestinos, manteniendo al pueblo palestino cercado en una cárcel de 1.500.000 personas en Gaza, y cortando Cisjordania entre muros y controles, dejando a la población palestina sin trabajo, sin agua, sin luz, haciendo prácticamente imposible la vida, habiendo causado la diáspora palestina que mantiene a 4.000.000 de palestinos fuera de su patria, desoyendo todos los mandatos de la ONU y los organismos internacionales de derechos humanos, y disponiendo de un arsenal nuclear que convierte a Israel en una de las grandes potencias militares del mundo, siendo un estado racista, expansionista, teocrático absolutista, no teniendo ni Carta Constitucional con el fin de no delimitar sus fronteras que las va modificando según se apropia de los territorios de otros, y es que en su proyecto incluyen nuevas zonas de los países colindantes y desde luego echar a los palestinos. Lo curioso es que, dice Finkelstein, se presenten ante el mundo como “víctima” de la barbarie, y “víctima única”, es curioso, cómo no, que el grupo étnico más poderoso de EEUU, el judío-sionista, haya adquirido el estatus de “víctima”. Los judíos-sionistas hacen negocio del holocausto.

Una mirada a la actualidad, no nos quedamos como estatuas de sal, y leemos que el New York Times, el periódico de mayor tirada del mundo, con gran influencia del dinero judío-sionista, es el que más publicidad hace hoy, comienzo del siglo XXI, de …¿de qué cree usted?: del holocausto; pero atienda a este dato: antes de la 2ª guerra mundial el New York Times concedía un gran valor a Hitler, lean lo que los judíos-sionistas decían en su periódico de semejante asesino: “ éste hombre extraordinario … (por)… haber unificado a los alemanes, haber destruido el comunismo, haber adiestrado a la juventud, haber creado un Estado espartano animado por el patriotismo, haber puesto freno al Gobierno parlamentario, muy poco adecuado para el carácter alemán, y haber protegido el derecho a la propiedad privada”. The New York Times Book Review, 15 de octubre de 1933. Buenos amigos los judíos-sionistas y Hitler, ¿de quién cree, si no, que han aprendido lo que hacen a los palestinos?.

Al dato, en la búsqueda del máximo beneficio, los judíos-sionistas estadounidenses, dedicados al comercio vendieron armas al gobierno nazi alemán, de la misma forma que después de la segunda guerra la emprendieron con el rearme del país que quedó, entonces, caído el nazismo, cuadrando con su anticomunismo, su propósito era hacer frente al avance de la Unión Soviética. Como anticomunistas han formado parte del núcleo duro de los mayores negociantes usurpadores del mundo, es por eso por lo que en EEUU se empleaban, desde los medios de difusión y el gobierno, todo lo duramente que podían en las cruzadas anticomunistas, potenciando organizaciones de ultraderecha, entregando listas de sospechosos a los tribunales marccarthistas, y recogiendo en EEUU a miembros de las SS nazis.

Fíjese si hay víctimas de otros holocaustos tan sólo en EEUU: de limpieza étnica, indios; víctimas de esclavitud, africanos; del trabajo esclavo en las fábricas, las mujeres trabajadoras que el capitalista de una fábrica quemó para no ceder a sus reivindicaciones (¿saben por qué se instituyo el 1º de mayo?), las hambrunas y persecuciones sobre los trabajadores antes del derrumbamiento del capitalismo de 1929; podemos hablar del machismo, de las persecuciones a los homosexuales, y de cuántos más, … hoy mismo sabemos que los pobres alcanzan en EEUU la cifra de 45 millones (cuántos más caerán a ese pozo empujados por la descomposición del imperio capitalista ¿harán los responsables un paréntesis en su enriquecimiento para sacar a los más empobrecidos de la ruina? Parece que nadie se acuerda de hacer un paréntesis para las víctimas de la explotación), sin embargo, son los judíos-sionistas, presentándose como “víctimas” a través de la propaganda que esparcen desde todos sus medios, los que han hecho negocio del holocausto. Quién lo iba a decir, los capitalistas judíos hacen negocio hasta con la desgracia ajena.

Para que vean el carácter de clase de éstos pájaros, nos dice Finkelstein, el autor de “La industria del holocausto”, que cuando se desarrollaba la lucha por “los Derechos Civiles (en EEUU) estaban cambiando de exigencias de igualdad política y legal a exigencias de igualdad económica,… cuando las preocupaciones se expresaban en términos de clase más que de raza, los judíos huyeron a los barrios residenciales periféricos tan apresuradamente como los cristianos blancos, con objeto de evitar lo que percibían como el deterioro de sus colegios y barrios”. El punto culminante fue el enfrentamiento de un sindicato profesional de mayoría judía contra los activistas de la comunidad negra que intentaban recuperar la enseñanza en quiebra. Toda su fuerza, otra vez más, se dirigió a machacar a los débiles y alimentarse de ellos para hacerse más fuertes.

Con su descubrimiento del holocausto como negocio los beneficios subían y subían, las cuentas engordaban. Nada de moral ni de ética, eso va contra el dinero. El holocausto, programado lastimera y victimariamente, daba más dinero que ninguna otra inversión, de ahí que desde entonces nieguen y persigan a todo aquél que declara que hay otros holocaustos, eliminar la competencia; para eso son únicos, no permiten que ningún medio trate como víctimas a las víctimas de tantos otros holocaustos. De todas las personas es conocido el actual ejemplo, bien flagrante, de ocultación, manipulación, y silencio de lo que los sionistas-judíos hacen con el pueblo palestino. La mayoría de los medios siguen los dictados de las agencias vinculadas a multinacionales, bancos, y empresas de armamento con peso judío-sionista, en la operación de darle la vuelta a la realidad: al pueblo expulsado de su tierra, a las víctimas de sus asesinatos de lesa humanidad, a esas víctimas les denominan terroristas, y ellos, asesinos, reventadores del derecho internacional y los derechos humanos, son pobres ciudadanos del mundo.

Finkelstein en su libro entra en la cueva de negocios judío-sionista y hace la luz sobre los grandes emporios, las fundaciones y las corporaciones que se dedican a sacar dinero a cuenta del asunto y financiar campañas en todos los ámbitos, presionando internacionalmente y localmente. De lo más pequeño a lo más grande, así se hace una potencia mundial, la cuarta potencia atómica del mundo, potencia mundial de la injusticia, y así consigue que en una encuesta hecha hace poco a nivel internacional, Israel aparezca como el país más condenado del mundo entero por los consultados. El negocio les va bien, pero la opinión mundial les va mal. Finkelstein nos dice quienes son.

Le recomiendo que lea el libro de Finkelstein, profesor de la Universidad DePaul, judío crítico del sionismo y de la ocupación israelí, que recientemente fue expulsado de su cátedra por las presiones ejercidas por las organizaciones judío-sionistas. En el mes de mayo fue detenido a su llegada al aeropuerto de Ben-Gurion por el servicio de seguridad israelí, y, tras tenerlo 24 horas en una celda, ante el escándalo que podía suponer, fue expulsado en un avión vía Ámsterdam.

Acabo con una frase que demuestra que los supuestos defensores no son más que unos codiciosos sin escrúpulos: la mitad de los cuadros de la judería americana proceden de judíos despojados por los nazis.

 John Adams: The Death of Klinghoffer (2001) – Night Chorus
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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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