Falsedades oficiales en torno al castellano y su supuesta superioridad.

raeLa RAE participa del imperialismo lingüístico español.

Siguiendo al profesor Moreno Cabrera, hemos visto algunos términos lingüísticos necesarios para comprender el tema que nos ocupa. Ahora nos referimos a cuáles son los principales mitos o falsedades del imperialismo lingüístico español y haremos alusión a organizaciones (RAE, Instituto Cervantes) y personas (Menédez Pidal) en cuanto elementos activos de este nacionalismo. Se trata de construcciones políticas que la ciencia lingüística demuestra son falsas.  Las enumeramos, nos referimos a la falsedad españolista y, finalmente, entre claudators, adjuntamos el desmentido del profesor Moreno.

Resulta hilarante pero es cierto. Una figura de la categoría de Menéndez Pidal llega a afirmar en un exceso nacionalista español que el castellano es la lengua común desde sus comienzos,el idioma de una nación destinada a triunfar en los ámbitos lingüísticos, jurídicos, políticos y militares.”. Intelectualmente es ridículo. Se trata de justificar porqué un grupo étnico peninsilar se impuso por la fuerza al resto e impuso su lengua con ayuda del ejército. Este señor, tan apreciado en determinados ámbitos, no conocía o fingía no comocer la larga lista de prohibiciones del catalán, p.e., y obligación del castellano. La última no pudo leerla. Está en la Constitución Española dee 1978 que fija la obligatoriedad del castellano en todo el territorio y deja en un segundo plano al resto sin declararlas “obligatorias” siquiera en sus territorios.

Hay un mito españolista que es totalmente falso: El castellano nunca se impuso por la fuerza (sic). Almenos esto es lo que dijo el anterior Jefe del Estado y el Director de la RAE, que además dice que el castellano es “lengua de la esperanza” (sic). Los que como yo hemos sido agredidos físicamente en la escuela por un profesor franquista  por hablar una lengua diferente del castellano sabemos que lo anterior es falso. Cualquiera puede consultar la legislación que prohibe catalán almenos desde el siglo XVIII.

moreno-cabrera2Profesor Juan Carlos Moreno Cabrera, especialista en nacionalismo lingüístico español.

Mitos del Nacionalismo Lingüístico español:

1. Mito del abolengo documental del español.

Las Glosas Emilianenses están entre los primeros testimonios del castellano. El castellano es la primera lengua romance que se pone por escrito.

[Las Glosas Emilianenses, en opinión de algunos expertos de solvencia científica reconocida como Rafael Lapesa, no están en castellano sino en navarro-aragonés.]

2. Mito de las virtudes del castellano primitivo.

El castellano era una lengua más fácil de aprender, más regular, más accesible. Por ejemplo, el sistema de cinco vocales ha ayudado a la progresiva expansión de esta lengua.

[Todas las lenguas del mundo conocidas tienen aspectos fáciles y puntos difíciles de aprender. En efecto, el castellano tiene cinco vocales, pero también tiene más de medio millar de verbos irregulares.]

3. Mito de la conversión del castellano en español.

Con el correr de los tiempos el dialecto local castellano se ha convertido en un idioma cualitativamente superior; ha pasado de ser dialecto a ser lengua; ha pasado de castellano a español.

[La distinción entre lengua y dialecto no es lingüística sino sociopolítica y se basa en el poder político, militar o económico. Es habitual entre los lingüistas citar la sentencia de que una lengua es una dialecto con un Estado y un Ejército.]

4. Mito de la dialectalización del castellano moderno.

Al convertirse en español, el castellano moderno ha pasado a ser un dialecto de la lengua española.

[Cuando en España se habla de español a secas casi siempre se piensa en la variedad española estándar peninsular. Pero lo cierto es que el castellano moderno no es un dialecto del español estándar peninsular, sino que es éste el que es una variedad o registro culto de aquél.]

5. Mito del español como lengua común.

El español es la lengua común en España porque es la única lengua en la que todos los ciudadanos del Estado español pueden entenderse.

[Para desmontar este mito basta una breve reflexión. Si, por ejemplo, los gallegohablantes monolingües no han tenido nunca grandes dificultades para entender a los castellanohablantes monolingües, ¿por qué éstos no tienen la misma facilidad para entender a los gallegohablantes si las lenguas implicadas son las mismas? ¿Quizás porque los castellanohablantes monolingües estamos menos dotados para entender otras lenguas cercanamente relacionadas con la nuestra? ¿Quizás porque el castellano es la lengua romance más fácil que existe? A poco que se reflexione un momento se verá que ninguna de las dos preguntas puede tener una respuesta razonada afirmativa, si no queremos caer en graves y abominables prejuicios o en otros mitos nacionalistas.]

6. Mito del español global.

El castellano no sólo se transformó en el español como lengua común de España, sino que se ha convertido en la actualidad en una lengua superior de carácter internacional, que rivaliza con otras lenguas globales como el inglés o el francés.

[El inglés, francés o español actuales no son, desde el punto de vista estrictamente lingüístico y gramatical, lenguas cualitativamente diferentes del navajo, groenlandés o koriako, idiomas de ámbito geográfico muy limitado. Su carácter global se debe a las consecuencias del colonialismo y al imperialismo político y cultural asociado al imperialismo económico del capitalismo contemporáneo. Esta condición global no ha cambiado nada esencial de la naturaleza gramatical de estas lenguas.]

menendez pidal

Menendez Pidal

Estos mitos del nacionalismo lingüístico español han sido fundamentados, desarrollados y divulgados por eximios miembros de la RAE tales como Menéndez Pidal, Manuel Alvar o Gregorio Salvador, entre muchos otros estudiosos, escritores, conferenciantes, editorialistas o periodistas. En general, los lingüistas españoles no hemos tenido entre nuestras tareas prioritarias poner de manifiesto que dichos mitos son incompatibles con las averiguaciones de la lingüística contemporánea —yo mismo he intentado hacerlo con mayor o menor fortuna desde hace sólo unos nueve años—; no hemos sometido estos tópicos a los rigurosos instrumentos analíticos, de la moderna ciencia del lenguaje. Justo al contrario, algunos de sus más brillantes representantes intentan sustentar dichos mitos con esos instrumentos analíticos para afianzar, justificar y objetivar el nacionalismo lingüístico que profesan.

Nebrija

Nebrija, autor de la primera “Gramática castellana” (1492)- no “española”-  afirmaba:

“Siempre la lengua fue compañera del imperio.”

Los trabajos al respecto del profesor Ángel López García son un ejemplo paradigmático de ello. Voy a comentar aquí las propuestas de uno de los libros más recientes de este lingüista (López García, 2007), en donde se realiza una síntesis de los mitos del nacionalismo lingüístico español y en donde se lleva uno de esos mitos hasta unos extremos a los que hasta ahora nadie había osado llegar. Una característica común de los ideólogos del nacionalismo lingüístico español es que rechazan que exista ese nacionalismo. Un ejemplo de esto lo da el autor cuyas ideas examinamos ahora, que considera que la ideología del imperialismo lingüístico español —que, como intento mostrar en otro lugar tiene sus raíces en el prólogo de la gramática de la lengua española de Nebrija a finales del siglo XV — es una pura apariencia:

Es verdad que parece como si el Instituto Cervantes, la RAE, algún que otro grupo editorial y la monarquía española estuviesen empeñados en propagar una ideología lingüística imperialista. Pero se trata de una mera apariencia: lo que les une es el deslumbramiento ante la creciente demanda del español en el mundo, un fenómeno reciente y acaso eruptivo. [López García, 2007]

En este razonamiento parece que se pone la carroza delante de los caballos. Si visitamos en España una librería lo suficientemente grande como para tener una sección de métodos de aprendizaje de idiomas, nos encontraremos, casi con toda seguridad, métodos para aprender inglés, francés, español (para extranjeros) y, en el momento actual, también chino y japonés, entre otras lenguas. Pero también casi con toda seguridad no encontraremos métodos de navajo (lengua autóctona de los Estados Unidos de América), groenlandés (lengua de Groenlandia) o koriako (lengua hablada en la península de Kamchatka, en la Siberia oriental). Podríamos aducir que hay métodos para aprender aquellas lenguas porque hay muchas personas deslumbradas por ellas: el inglés, español, francés, chino y japonés son lenguas que atraen a la gente y hay que atender esa demanda.

masacre indiosCastellanos imperialistas masacrando indios: genocidio físico, cultural y lingüístico. La cruz, la espada y la lengua. Imposición del imperio, el catolicismo y el castellano.

Sin embargo la gente no se ve atraída en masa por el navajo, el groenlandés o el koriako. ¿A qué puede deberse esto? ¿Tiene algo que ver con el hecho de que los países originarios del inglés, francés, español, chino o japonés han sido grandes potencias coloniales y están directamente asociados con potencias económicas de ámbito mundial? ¿Tiene algo que ver con el colonialismo e imperialismo económico y cultural que han ejercido durante siglos las potencias que han expandido estas lenguas? ¿Hace falta recordar la esclavitud, el exterminio, el genocidio y etnocidio sistemáticos a que fueron sometidos desde la época colonial centenares de pueblos y regiones de todo el planeta por parte de quienes difundieron estas lenguas que ahora tienen tanta atracción y predicamento? Por si a algún lector le hiciera falta esto, le recomiendo el libro dirigido por Marc Ferro (Ferro, 2005).

Nadie con un mínimo de conciencia y humanidad que haya leído este libro puede enorgullecerse de que su lengua colonial esté expandida por todo el mundo o una parte apreciable de él y de que, a resultas de ello, haya una demanda creciente de su idioma colonial. En esta línea, el profesor López García no está solo; en un libro reciente, Mufwene (2008) mantiene que la explicación fundamental de la extensión de estas lenguas coloniales se debe en esencia a que los colonizados eligieron libremente estas lenguas en su propio beneficio para adaptarse a las situaciones cambiantes. Es decir, según este autor, la esclavitud y el genocidio, que no sé si pondrá en duda también, no se vieron acompañados, afortunadamente, por un lingüicidio.

Según el profesor López García, las instituciones a que hace referencia en su cita, a pesar de estar deslumbradas por el fulgor de la lengua española, son totalmente independientes en sus posiciones ideológicas:

Fuera de ese deslumbramiento, cada uno tira por su lado: quién, como el Cervantes, quiere propagar la cultura española sirviéndose de un embalaje de fácil aceptación; quién, como la RAE, intenta mantener unido el diasistema lingüístico, a pesar de su dispersión geográfica, precisamente porque la aldea global exige un modelo unificado; quién, como las empresas mediáticas, pretenden simplemente hacer negocio y ganarles la partida a los competidores; quién, como la Casa Real, en fin, busca apuntalar la acción exterior del Estado español en su embajador más fiable. [López García, 2007]

Valor económico del español (I).

Resulta ahora que en la época de la globalización, donde todo está cada vez más interconectado a nivel mundial y en donde lo que ocurre en la bolsa de Nueva York tiene una influencia casi instantánea en lo que ocurre en la bolsa de Tokio, tres instituciones de la España contemporánea que reciben el apoyo explícito económico y político del Estado español y de las empresas multinacionales españolas, van cada una por su lado, sin que exista ninguna planificación, ni ninguna empresa cultural o ideológica común.

Sin embargo, es muy fácil descubrir una gran unidad y coherencia ideológicas en los discursos oficiales del rey, las declaraciones oficiales de la RAE y las del Instituto Cervantes, que muestran todo lo contrario de lo que se sugiere en este pasaje. Las tres instituciones coinciden en que el español nunca se impuso a nadie, en que se expandió por sus propios méritos y en que es uno de los capitales generadores de riqueza cultural y económica más importantes de los que dispone en estos momentos España. Y actúan en una misma dirección de acuerdo con estos supuestos; es más, cuando hay alguna discrepancia al respecto suenan todas las alarmas y se producen las acciones correctivas necesarias.

Valor económico del español (II).

La propuesta de Ángel López García contiene además una reformulación sustancial y ciertamente extrema de uno de los tópicos principales del nacionalismo lingüístico español, que lleva hasta sus últimas consecuencias la idea de Menéndez Pidal de que el castellano fue una lengua revolucionaria, distinta de las demás lenguas romances desde los inicios mismos de su formación; el idioma de una nación destinada a triunfar en los ámbitos lingüísticos, jurídicos, políticos y militares. Tal como recojo en mi libro sobre el nacionalismo lingüístico (Moreno Cabrera, 2008), Menéndez Pidal funda la teoría de la excepcionalidad del dialecto y de la nación castellanos que llevó a elegir aquellas formas gramaticales más fáciles de generalizar, lo que da unos sólidos cimientos a las bases lingüísticas de su expansión posterior. He aquí una cita relevante de Menéndez Pidal:

En suma, la Castilla primitiva en su lenguaje, lo mismo que en la política y la guerra, lo mismo que en el derecho, se adelanta a cumplir una evolución que estaba destinada a triunfar. Iba guiada por un fino sentido selectivo que atinaba pronto con aquellas formas que más tarde prosperarían también espontáneamente en los dialectos circunvecinos, o con aquellas más peculiares que mejor podrían ser aceptadas por los demás. [Menéndez Pidal, 1943]

Pues bien, el profesor López García sustituye la idea nacionalista de que el castellano, mediante un proceso de koineización, se convirtió en español como lengua común, por la idea mucho más osada de que, desde sus primeros testimonios conocidos, el español ya era una koiné, era una lengua común, otro de los tópicos del nacionalismo lingüístico español. El español es más excepcional aún que lo entrevisto por Menéndez Pidal:

El español nació de forma diferente a todas las demás lenguas románicas. […] Los romances de ciego y los cuentos de toda España —el mundo del espectáculo, para entendernos, lo que hoy pueden ser las revistas del corazón y los concursos televisivos— se desarrollaron en español desde la alta Edad media en el centro de la península, y en su periferia desde finales de la baja también. [López García, 2007]Lo único que importa es destacar que el español primitivo nunca caminó hacia la unidad, nació bastante más uniforme que los demás romances, es decir, desde la unidad y no hacia ella. [López García, 2007: 67.]

Este español medieval era, siguiendo el camino ya iniciado por Menéndez Pidal, una lengua más sencilla, más fácil de aprender, semejante funcionalmente al esperanto: Esta koiné de intercambio peninsular, esta lengua común, debía cumplir una condición fundamental: ser una especie de esperanto, con reglas sencillas, fonética accesible, ya que sus usuarios privilegiados no iban a serlo los clérigos o los nobles, sino la gente del pueblo. [López García, 2007][E]s fácil comprender la utilidad que para sus hablantes debía revestir la koiné, un romance simplificado y regular en el que las vacilaciones, que para cada forma lingüística acompañaron a la variedad lingüística de Burgos, Toledo, Santiago o Gerona, tanto da, se habían resuelto tempranamente mediante el triunfo de una sola forma. [López García, 2007]

Por tanto, el español no fue adquiriendo con los siglos su carácter de lengua común: ya lo tenía desde el principio. Se trata de la versión más esencialista posible de este mito del nacionalismo lingüístico español. El mito de la cuna del idioma se reformula aquí mediante la afirmación de que lo que se registra en las Glosas Emilianenses no es castellano, sino español primitivo:

Y aunque las modalidades idiomáticas que se habrían podido tomar como base de dicha koiné eran muchas, se adoptó la del rincón del Alto Ebro en el que confluían tres reinos, el de Castilla, el de Navarra y la Corona de Aragón: el primer documento peninsular en romance está escrito en dicha modalidad lingüística y procede de dicha zona, se trata de las Glosas Emilianenses, una suerte de paráfrasis escritas al margen de un texto litúrgico latino por algún monje en el monasterio de San Millán de la Cogolla entre fines del siglo X  y mediados del XI.  ¿Es castellano?, ¿es navarro?, ¿es aragonés?: es todo esto y nada de ello, es simplemente español. Una koiné, una lengua de todos…  [López García, 2007]

Esta idea de que cabe calificar ya como español en tanto que idioma común la lengua de las Glosas Emilianenses supone la culminación de la ideología nacionalista española, para la que el español es ya desde sus primeros testimonios la lengua común, idea que conforma, como he dicho antes, el tópico fundamental de esta ideología. Además supone que el español, como lengua común de España, es muy anterior a los inicios de la construcción de la entidad política unitaria que da origen al Estado español actual, y además fundamenta, prácticamente ab ovo, la unidad de destino en lo universal de la nación. Con las propuestas de López García se cierra el círculo que comenzamos a trazar al principio de este capítulo. Recuerdo al lector que, en la sección segunda de este capítulo, propongo que la defensa de la unidad de la lengua española, que la RAE considera su cometido fundamental, está relacionada con la indisoluble unidad de la nación española a la que se refiere el artículo segundo de la Constitución española de 1978 (pp. 9 y ss.).

Las propuestas de López García dan pleno sentido a esta afirmación: la unidad de la lengua española preexiste al propio Estado español y es, por consiguiente, uno de los fundamentos esenciales de la unidad de la nación española. Gracias al profesor López García ya sabemos por qué la RAE da tanta importancia al mantenimiento de la unidad de la lengua. Sobre la base de la explicación y aclaración de los mitos del nacionalismo lingüístico español anteriormente enumerados, he intentado demostrar que la autoridad que hace relativamente efectiva la actividad normativa de las academias de la lengua en general y de la RAE en parti-cular no se puede justificar en términos estrictamente lingüísticos, sino que se apoya en factores de predominio social y político y en mitos de la sociedad occidental tales como la lengua perfecta y la lengua universal, que se concretan, a su vez, en los mitos del nacionalismo lingüístico español examinados aquí. El presente capítulo podrá ayudar al lector a eliminar la aureola de autoridad indiscutible que distingue las publicaciones y opiniones académicas para que pueda comprender los supuestos e implicaciones de algunos aspectos de su actividad y para que, de este modo, pueda valorar sus atribuciones y contribuciones en sus justos términos, alejándose tanto de la crítica arbitraria, apasionada e irracional como de la aceptación acrítica e irreflexiva de lo que constituye un aspecto importante y casi omnipresente de la cultura de las sociedades en las que predomina el castellano.

Fuente: Moreno Cabrera, J. C. Lengua / Nacionalismo en el contexto español. Y elaboración propia.

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