Homenaje a Ángel Mayo, wagneriano de pro. La obra de una vida. El Anillo del Nibelungo (IV). Antisemitismo.

Wagner-judioCaricatura de Wagner con rasgos semitas.

En el post anterior, ya anunciamos que faltaba abordar uno de los temas más recurrentes y desagradables: el del antisemitismo wagneriano. Resulta lamentable y curioso que cada vez que se cita a Wagner o su obra sale a relucir el antisemitismo y Hitler como sucedió hace unos días en una conferència sobre Parsifal en el Palau de la Música de València. Creo que este tema hay que situarlo en su contexto histórico, empezando por reconocer que dos mil años de cristianismo en Europa han sido dos mil años de antisemitismo ya que se acusa a los judíos genéricament de deicidas y no solo se le ha acusado, sino que que les ha asesinado por ello. La responsable ha sido la religión.

antisemitische-KarikaturTambién se ha tachado a los judíos de usureros ya que el cristianismo pohibía prestar dinero con intyereses. De aquí que al antisemitismo religioso se le hay unido el político. Los anarquistas Proudhon y Bakunin eran antisemitas, lo mismo que Marx, que era judío. Incluso se ha llegado a decir que existía un plan judío para dominar el mundo.

También hemos de considerar el antisemitismo cultural, nacional y racial. Wagner nunca propuso el exterminio físico de los judíos, como muchos quieren creer, sino que compartió amistad con numerosos judíos. Lo que Wagner propugnaba era que los judíos dejaran de serlo y que se integraran con la población mayoritaria.

Ángel Mayo hace referencia al paralelismo entre los escritos antisemitas de Marx i Wagner, muy similares en muchas cosas y de la misma época. Yo mismo analicé la posible influencia de Marx en Wagner en su etapa revolucionaria de mediados del XIX. Veamos lo que cuenta el especialista wagneriano:

mayoQueda todavía el referirse sin remilgos al tercero de los problemas culturales, hoy por hoy el más espinoso y purulento de todos: el antisemitismo de Wagner. La genialidad del compositor está ya fuera de toda discusión y tampoco se vislumbran los límites de su obra. Distinto es el caso del hombre, el cual, adorado por no pocos en vida y convertido por la hagiografia oficial en espejo de virtudes, es visto hoy según una escala valorativa que va desde la tolerancia ante sus flaquezas humanas hasta la condena inapelable a causa del carácter horrible (sic) del hombre y de su extrema incorrección política.

Tampoco puede discutirse su antisemitismo. ¿Pero hasta dónde llegaba en él esta xenofobia? ¿Es Wagner una onda más en la vasta corriente del antisemitismo alemán, que veía en el judío como concepto un cuerpo extraño que había de ser extraído para que la gran Alemania unificada pudiera llegar a ser la nueva Atenas, o es una singularidad hecha de resentimiento y de odio personales, no ya un «problema alemán» (Nietzsche), sino una «desgracia alemana», como ha dicho, entre otros, Elias Canetti?

                  Mendelssohn  ._Meyerbeer_nuorempana

Mendelssohn y Meyerbeer, compositores judíos que triunfaban en época de necesisad de Wagner.

¿Había en él el convencimiento de la esterilidad de la música alemana compuesta por judíos, puesto que, según él, la música nace del idioma nacional y los judíos no tienen ninguno propio, o detestaba al buen Felix Mendelssohn por haber llevado al desastre la obertura de Tannhäuser, al presentarla en la Gewandhaus de Leipzig, y haberle extraviado además el manuscrito de su única sinfonía, y al infeliz Giacomo (antes Jacob) Meyerbeer, el modelo para Rienzi y protector primero -mas sin aflojar la bolsa- del Wagner menesteroso de París y después del compositor que empezaba a abrirse camino desde su feudo de Dresde, por pura envidia de sus pingües triunfos donde él, Wagner, fracasaba y no veía un florín? ¿Puede ser apuntado como un nombre más en la lista de los Goethe, Fichte, Gutzkow, Laube, Grimm, Heine y Marx (ambos judios), Herwegh, Röckel, Liszt y otros muchos, todos ellos igualmente fustigadores de la codicia judía, de su poder económico, o como ya decía Darius Milhaud, citado por Joachim Kaiser, «Wagner es una especie de Hitler.»

                   marx  wagner--1803

Hay paralelismos en los escritos antisemitas de Marx y Wagner.

Aunque la finalidad es en cada caso otra, ¿hay diferencias radicales entre estos breves pasajes de El judaísmo en la Música, de Wagner (1850) y de Sobre la cuestión judía, de Marx (1843)? Escribe Wagner con cierta ampulosidad:

«El judío (…) domina y dominará todo el tiempo que el dinero continúe siendo el poder, ante el que pierden su fuerza todas nuestras empresas y esfuerzos. Que la miseria histórica de los judíos y la crudeza rapaz de los germanos romano-cristianos han traído este poder directamente a manos de los judios, no es algo que necesite de ser dilucidado aquí; pero que la imposibilidad, en el fundamento del escalón, hasta la que se han desarrollado ahora las artes, de perfeccionar de manera natural, obligada y realmente bella este fundamento sin una total modificación, ha traído también el gusto artístico público entre los dedos comerciales de los judíos, esto nosotros tenemos los motivos para contemplarlo aquí más de cerca».

Escribe Marx con concisión:

«¿Cuál es el fundamento laico del judaísmo? La necesidad práctica, el egoísmo… ¿Cuál es el culto laico del judío? El tráfico comercial. ¿Cuál es su dios laico? El dinero (…) El Dios de los judíos se ha hecho laico, ha venido a ser un dios profano. El trueque es el dios laico de los judíos».

Sustituyamos al dios profano denunciado por Marx por el arte profano denunciado por Wagner, y las distancias aún se acortarán más. Pero Wagner concluyó así El judaísmo en la Música:

«Justamente Borne [1] os enseña (a los judíos) cómo esta redención no puede llegar a ser alcanzada en la holganza y en la fría e indiferente comodidad, sino que sólo puede ser conseguida, como nos ocurre a nosotros (los alemanes), por medio del esfuerzo, la necesidad y la plenitud del sufrimiento y del dolor.

¡Si se participa sin reservas en esta lucha autodestructiva y sangrienta, estaremos así unidos y seremos inseparables! Mas recordad que sólo una puede ser la redención de la maldición que pesa sobre vosotros, la redención de Ahasuero: ¡Desaparecer!». [2]
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[1] Ludwig Borne (1786.1837). Escritor y publicista de ideas republicanas y ultraliberales. Hijo de un banquero judío. Se convirtió al cristianismo en1818. Era partidario de una democracia cristiana universal y de la unión cultural de Francia y Alemania. Recuérdese a este respecto la propuesta de Wagner al Parlamento de Fráncfort (1848). Fue amigo de Heinrich Heine y después polemizó agriamente con él.

[2] Untergang significa caída, ocaso, ruina, decadencia. He traducido desaparecer por su mayor precisión en nuestra lengua. Por otra parte, el mito del judío errante aparece en Chamisso, Goethe, Wilhelm Müller, Lenau y también en el conde Potocki (El manuscrito hallado en Zaragoza) y en Eugene Sue. El nombre de Ahasuero le fue dado, en 1602, en un texto que reedító Karl Simrock en 1846.
………………………………………………………………………………………………………………………………..
¿Cómo ha de entenderse esto? ¿Como invitación a los judíos alemanes a liberarse de las cadenas de Sión, dentro del proceso de la llamada “emancipación de los judíos”, y a integrarse en la nación alemana común, o en verdad como premonición de la “solución final” y justificación a priori de Auschwitz y de Matthausen? y todavía algo más que, de ser cierto, mancharía indeleblemente a Wagner y al wagnerismo: ¿Es también antisemita su obra dramática, su música?

En este campo de batalla hay abiertos, pues, varios frentes. Incluso se han celebrado congresos, para examinar la cuestión desde todos los puntos de vista e intentar vislumbrar un poco de luz; pero algunas Universidades americanas e inglesas y la izquierda judía teutona y gala -¿qué fue de las clarividentes enseñanzas de Ernst Bloch y quién se acuerda de Claude Levi-Strauss?- no cesan de suministrar munición ofensiva en medio del caos de estos tiempos, cuando la necesaria consideración del judaísmo como factor esencial en el ascenso del capitalismo aparece siempre mezclada con los horrores del holocausto, los cuales repugnan a todos los hombres de bien. Se intenta demostrar que son figuras alegóricas de judíos puros el Holandés “errante”, Beckmesser, Alberich y Mime, y que lo son de judíos impuros el terrible Hagen, corrompido por la mezcla de sangres, quien asesina con premeditación, alevosía y a traición al ario Siegfried, y los pecadores Amfortas y Kundry.

Yo creo que esto son peticiones de principio, como aquella otra, hoy muy decaída, que pretendió hacer de Wagner un iniciado en el esoterismo, cuando en su magna biblioteca de Wahnfried, en Bayreuth, sólo se halla un tratado sobre la cábala y las ciencias ocultas, y también es sabido que el banquero Friedrich Feustel, su consejero financiero, uno de los doce hombres -dos de ellos eran judíos- que llevaron el cadáver de Wagner hasta la tumba, le desaconsejó, en su condición de Venerable Gran Maestro de la importante logia masónica regular de Bayreuth, que desistiera del intento de ser admitido en ella, pues él sabía que, debido al pasado revolucionario de Wagner, éste iba a recibir varias bolas negras.

Hitler-2  lenin

Wagner fue el compositor favorito tanto de Hitler como de Lenin.

Llegados aquí, hay que hacerse todavía otras preguntas. ¿Le importa hoy realmente a alguien la diatriba contra Meyerbeer, en la que, limados los excesos, Wagner tenía de su parte toda la razón estética y musical? ¿Es por fuerza determinante el wagnerismo de Hitler, quien, sin duda, conocía la obra y la amaba, pero la entendía a su manera? ¿No quiere decir nada que Goebbels fuera un apasionado mozartiano y que el conjunto del aparato ideológico nazi desconfiaba de Wagner porque éste no era ario puro, sino que pertenecía a la llamada raza dinárica, y porque el polimorfismo de su obra revelaba la impureza racial de su creador?

¿Por qué Wagner era el compositor favorito de Lenin? ¿Por qué fueron amigos personales y decididos partidarios suyos numerosos judios: por ejemplo, Karl Tausig, Joseph Rubinstein, Hermann Levi y Angelo Neumann? ¿Es acaso una fiebre epidémica, una locura contagiosa que entre los wagnerianos haya hoy como ayer gentes de todas las edades, religiones, posiciones, ideologías y etnias, incluidos de nuevo muchos judíos? ¿Puede demostrarse que las victimas del racismo nazi eran llevadas a la cámara de gas a los acordes de música de Wagner?; ¿quién tocaba esta música o cómo se la reproducía, con qué periodicidad ya qué horas? ¿Firmó Wagner alguna vez uno sólo de los manifiestos antisemitas que le fueron sometidos con esta pretensión? Y por último, ¿iba él a manchar su obra, idealmente concebida, con esta tinta de calamar, a ensuciarla con medias verdades y medias mentiras, cuando jamás le faltó el valor para echar mano de su peculiar y combativa prosa y decir cuanto le venía en gana?

mahler  Schoenberg-Arnold-02

Mahler y Schönberg, compositores judíos defensores de Wagner.

Deliberadamente no voy a responder aquí a estas preguntas, que por otra parte son hoy forzosas y más si se estudia El anillo del Nibelungo, pues esta tarea llenaría todo el espacio de este trabajo, cuyo propósito es otro. Tampoco voy a enmarañarme con las causas reales de la persistencia del escándalo, que da de comer a más de uno de los portavoces de la diatriba. Claro que es preocupante que así se pretenda hacer odiosa una de las obras de arte supremas producidas por Occidente. Sí es oportuno recoger aún que los compositores judíos posteriores entendieron muy bien El judaísmo en la Música y defendieron siempre a Wagner. Así, Schönberg y Mahler. En cuanto a Alban Berg, quien no era judío, Joachim Kaiser relata lo siguiente, que viene muy bien al caso:

«Hans Mayer, el famoso literato, profesor y exégeta de Wagner, cuenta cómo, siendo él joven, estuvo con Berg y cómo -por motivos políticos, postexpresionistas
e ideológicos- echó pestes de Wagner. Berg no se tomó la molestia de contradecir
al joven intelectual una sola vez. Sino que: “Alban Berg -inolvidable- me miró de arriba abajo y dijo: Sí, usted puede hablar así, usted no es músico”».

ShawGeorge Bernard Shaw dijo que El Anillo era el Manifiesto comunista de la música.

Kaiser, quien rotundamente afirma: «No se encuentra una sola palabra con finalidad antisemita en sus dramas y, por supuesto, ningún compás que sea antisemita de alguna manera», habla también de algo que se suele pasar por alto, esto es, de Wagner como campeón de la emancipación de la mujer. A ello se debe su larga e invariable amistad con Malwida von Meysenbug, la hoy olvidada luchadora –Memorias de una idealista– en la primera hora del feminismo. A ninguna feminista actual se le ocurriria buscar antecedentes en las magníficas mujeres de las óperas y los dramas musicales de Wagner, al igual que a ningún ecologista se le ocurre buscar en El anillo del Nibelungo la tragedia del atentado que nuestra civilización ha cometido contra la Naturaleza y, en Parsifal, la propuesta redentora, ni a ningún animalista se le pasa por la imaginación ver en el Wagner combativo contra la vivisección a un pionero de los derechos del animal. Casi todos estos istas proceden de otros lugares y están a otras cosas, a otro rollo según la expresión vulgar. Mas sobre algunas de tales curiosidades trataré dentro de la segunda parte. Para cerrar la primera, acudo de nuevo a Kaiser, pero ahora a su prólogo a la moderna edición alemana de El Perfecto wagneriano de Shaw, aparecida en 1973 en la Suhrkamp Verlag, Fráncfort del Meno:

«Shaw publicó The Perfect Wagnerite en el año 1898. Una traducción alemana apareció en S. Fischer, en 1908. Si se hubiera podido entender, dar su importancia, comprobar y llevar a sus últimas consecuencias los comentarios de Shaw al Anillo, que ciertamente van mucho más allá del espíritu del siglo XIX y del idealizado Eliseo estético del Arte, ya en la época de la primera recepción entusiasta de Wagner antes de la Gran Guerra, entonces le habrían sido ahorradas algunas cosas a uno de los mayores genios de la Historia de la Ópera, al último trágico modemo. Tanto el malentendido nazi-hitleriano como también el aún menos inteligente malentendido demócrata-antiwagneriano habrían sido imposibles, si los oyentes y los espectadores hubieran aprendido a comprender a Shaw, en vez de dejarse meramente emborrachar, tomar excitantes y aburrirse mitológicamente sin ».

Walter Scheel entonces Presidente de la República Federal de Alemania, todavía exorcizó públicamente a Wagner, en el transcurso de la conmemoración del centenario del Festival de Bayreuth (1976), con el hisopo de la democracia parlamentaria y aún previno «contra los peligros que siempre pueden venir de él». ¿Peligros? Sí, pero no los que Scheel imaginaba. Recordaré sólo que Nietzsche, el apóstata, consideraba los escritos de Wagner «ejercicios de la inteligencia».

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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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