El último tango en París o la imposibilidad del amor. La pregunta prohibida.

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Como cinéfilo y wagneriano debo decir que la película me recuerda a Lohengrin. Quizá a muchos os llame la atención. ¿Qué tendrá que ver la mantequilla con el Caballero del Cisne? En primer lugar, quien se quede con este producto lácteo no se enterará de nada. Es pura anécdota. Más o menos como la edad del hermano de Elsa. No tiene importancia. Lo fundamental es que en ambos casos existe la prohibición de preguntar el nombre , de mantener oculta la realidad de quien se nos presenta como salvador o como salvadora – en el caso del film – . Nos movemos ante parejas que se basan en el no conocimiento mutuo y que están abocadas al fracaso y la muerte. Así sucede en ambos casos. No es posible el amor. Así de rotundo. El amor no es más que una quimera utópica que se da de bruces contra la realidad. Dicen que Lohengrin es la ópera más triste de Wagner. Yo diría que también es una de las más pesimistas de la historia de la ópera. Si el amor no es posible, ¿qué nos queda? ¿La utopía? ¿El sueño? ¿La mentira? No seré yo quien responda a estas preguntas. Que cada cual lo haga si le apetece. Otra película italiana de la época, El portero de noche, de Liliana Cavani, aborda este tema poniéndonos aún más lúgubre el tema: el amor entre un torturador nazi y su judía favorita en un campo de concentración. Una relación sadomasoquista y autodestructiva como la de la película que nos ocupa. Recuerda a Salome, baile y decapitación incluidos. 

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La película es triste y dura como la vida misma. Sin concesiones de ningún tipo. Bertolucci arremete contra los mismos cimientos de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. La familia como institución para torturar a los niños y asesinar a la libertad. La infelicidad en el matrimonio. La única salida es la evasión que produce el sexo y el olvido de todo lo demás. Esta película es una pintura desesperada y lúcida sobre las relaciones humanas. Un mortífero callejón sin salida cuando uno se empeña en querer probar lo que no es de este mundo: la felicidad en pareja. Pero El último tango en París es ante todo una película sobre la incomunicabilidad entre los seres humanos y el amor imposible. Cuanto más parece ser fuerte el amor, menos es posible la comunicación. No hay un happy end posible. Paul morirá violentamente a manos de su amor imposible, como su mujer infiel y suicida, y Jeanne se casará con su novio, al que realmente no ama, siguiendo las tradiciones establecidas encarnadas en la figura de su padre, coronel del ejército.

Desgraciadamente, muchos miopes se quedan en la mantequilla y no son capaces de llegar a más. Quien crea que este film es uno de tantos eróticos como hay, está muy equivocado. Es una obra maestra al mismo nivel que Novecento, otra obra de arte que algunos no quieren valorar por su contenido político inequívocamente marxista. Ellos se lo pierden. Italia ha dado directores geniales como Fellini, Visconti, Bertolucci o Pasolini.

      BERTOLUCCI                     Marlon-Brando

maria schneider butter scene

Los protagonistas, Marlon Brandon y Maria Schneider – que tenía 19 años cuando rodó la película –  bordan sus respectivos papeles y monopolizan la imagen. Se trató de un trabajo agotador que recuerda los arduos dúos de determinadas óperas wagnerianas. La música es del argentino Gato Barbieri, que supo obtener un sonido desgarrador de su saxofón logrando una simbiosis con el film similar al adagietto de Mahler en Muerte en Venecia de Visconti. 

Una mañana de invierno un hombre de maduro y una muchacha se encuentran casualmente mientras visitan un piso de alquiler en París. La pasión se apodera de ellos y hacen el amor violentamente en el piso vacío. Cuando abandonan el edificio, se ponen de acuerdo para volver a encontrarse allí, en soledad, sin preguntarse ni siquiera sus nombres. No deben saber nada de sus vidas, ni siquiera cómo se llaman.

El americano Paul, destrozado por una vida sin sentido y deshecho por el suicidio de su esposa, y la joven francesa Jeanne, convencional y superficial, hija de un coronel del ejército y con novio formal, se comunican sólo a través de su sexualidad, haciendo de su encuentro una especie de utopía imposible que los aisla de los demás, del mundo, de sus problemas personales. Al principio Paul aparece como el rompimiento de todas las convenciones. Su encuentro con Jeanne es un experimento: quiere una relación absoluta, donde no existan nombres que los fijen a un contexto social y psicológico.

Pero poco a poco Jeanne descubre que él es, en realidad, un hombre banal aporreado por las circunstancias e incapaz de construir algo nuevo. Cuando Paul renuncia a sus planteamientos iniciales e intenta un enamoramiento convencional, teñido de paternalismo, Jeanne siente un fuerte rechazo y lo mata, en un juego que ella misma no comprende.

La película plantea el tema de la imposibilidad del amor en la pareja, de la soledad existencial más profunda, de la ausencia de un ser fuerte que nos proteja. No hay Lohengrines que puedan salvar a ninguna Elsa. Como en la ópera de Wagner, se establece la pregunta prohibida. Los nombres de los amantes no deben ser revelados. Solamente al final de la película, cuando ella le dispara él le pregunta su nombre y ella se lo dice: Jeanne.

La película fue muy polémica por su erotismo en su época, los setenta. Realmente, no creo que esto fuera lo que más molestaba. Lo que es más subversivo no es lo que se ve – que es bien poca cosa – sino lo que se dice. Lo relevante no es la mantequilla, sino lo que se dice sobre la familia. También se alude a la escena del baño como escandalosa por lo erótico. No lo es. Lo que resulta inaceptable para las mentalidades conservadoras es lo que se dice: la falsedad del romanticismo ingenuo y la imposibilidad de ser feliz en pareja. Todo ello, niega el matrimonio, la familia y los establecido. Esto es lo que molesta a las mentes reaccionarias y no unos desnudos que se pueden contemplar en cualquier playa y que son meramente anecdóticos en el film aunque hubiera quien cruzara los Pirineos para verlos. Se llevaron un chasco.

Aquí, la escena de la mantequilla [il burro] en italiano.

Película entera sub. castellano:

Escena de la mantequilla: (1:12: 01) Transcripción literal de la intervención de Paul: “Vete a coger la mantequilla, Ya te hablo yo de los secretos familiares. Te voy a hablar de la familia. Esa santa institución ideada para inculcar la virtud entre salvajes. Santa familia. Los niños son torturados hasta que mienten por primera vez. Donde se doblegan con la represión. Donde la libertad es asesinada. La libertad es asesinada mediante el egoísmo. ¡Tú,… puta… Tú, puta familia! ¡Oh, Dios…Jesús! ¡Oh, tú…!” Estas palabras son dichas por Paul y repetidas por Jeanne mientras la sodomiza.

Aconsejo leer:  “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” de Engels. Allí podemos leer: “Existió un estadio primitivo en el cual imperaba en el seno de la tribu el comercio sexual promiscuo, de modo que cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las mujeres.” Es decir, que hubo libertad sexual plena entre los seres humanos hasta que apareció la propiedad privada, la familia y el estado. 

Palabras muy duras contra el falso idealismo romántico. Estamos solos y vacíos. No nos protege nadie. No hay caballeros salvadores de doncellas asustadas. Estaremos solos hasta que nos encontremos con la muerte.

Last Tango In Paris. Music by Gato Barbieri.

Como sucede en numerosas películas, El último tango en París es inseparable de su banda sonora, que le valió un Grammy a su compositor, el saxofonista argentino Gato Barbieri, uno de los mejores en su instrumento en jazz latino. El sonido áspero que obtiene le va como anillo al dedo al desgarrador tema de la película.

Gato_Barbieri

Gato Barbieri.

Tema principal.
Gato Barbieri, saxo tenor
Robbie González, tambores
Mario Rodríguez, bajo
Mark Soskin, piano
Colón Frank, percusión

Last Tango in Paris – Soundtrack (Deluxe Edition) – Full Album
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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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2 respostes a El último tango en París o la imposibilidad del amor. La pregunta prohibida.

  1. Me ha gustado mucho el análisis y la comparación con Lohengrin. Un fuerte abrazo.

    Rafa

  2. rexval ha dit:

    Gracias por participar. Como comento al principio, ya tengo tema para el siguiente post. “El portero de noche” y “Salome”. Una relación amorosa morbosa, baile erótico y decapitación incluidos. Belleza envuelta por la más absoluta amoralidad. También hay relación con la música. El marido de ella es director de orquesta.
    Un abrazo.

    Regí.

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