La vuelta al mundo de un novelista (1924) V. Blasco Ibáñez.

La vuelta al mundo e un novelstaEn 1923, Vicente Blasco Ibáñez está en la cumbre de su existencia y de su carrera. Desde 1921 vive en una lujosa villa en Menton, en la Costa Azul. Sin embargo, azuzado por el deseo de “ver el mundo y no marcharse de él sin haber visitado su redondez”, ese gran inquieto y vitalista emprende un periplo de seis meses para experimentar, y luego compartir con sus lectores, las impresiones, emociones, sucedidos y anécdotas que a lo largo de él le van saliendo al paso. La vuelta al mundo de un novelista es un carrusel ameno e inolvidable de lugares, pueblos y personas en el que Blasco, como incomparable compañero de viaje, hace desfilar ante nuestros ojos la espléndida y fascinante variedad de unos paisajes de leyenda hoy en gran parte trivializados o desaparecidos.

Se trata de un extenso libro de viajes alrededor del mundo. Blasco narrará sus impresiones sobre lo que vio durante el viaje. Nosotros vamos a extraer momentos en los que cita a Wagner o su obra. En cuatro ocasiones Blasco compara lo que ve por el mundo con la obra de Wagner. Tres en Japón y una en Filipinas. A continuación copiamos los textos que los contienen para situar las citas en su contexto.

Origen divino del pueblo japonés.

mapa Japan_topo_en“El pueblo japonés es de origen divino. De ahí su orgullo inmutable, que data de veinticinco siglos. Los principios de su mitología resultan oscuros y complicados. Vagan en su limbo muchos dioses de historia y atribuciones inciertas. Los primeros conocidos son Izanagui y su esposa Izanami. Este matrimonio de dioses era tan inocente que ignoraba el amor, y fueron dos pájaros los que se lo enseñaron. Por eso los representa la imaginería japonesa contemplando atentos la lección de la pareja alada.

El resultado de sus amores fue unas veces geográfico y otras carnal. La divina Izanami dio a luz varios dioses; pero también surgieron de sus entrañas las ocho islas grandes del Japón con su cortejo de numerosas islitas.

Al arrojar al mundo el dios del Fuego, murió a consecuencia de este parto ígneo, y su marido quiso recobrarla penetrando en el reino de los muertos, como Orfeo, el divino cantor, fue en busca de su difunta Eurídice. Después de numerosos combates para abrirse paso, el valeroso Izanagui rescató a su esposa; pero al abrazarla lo hizo con tanto entusiasmo, que rompió uno de los dientes de su peineta, y la majestuosa diosa se transformó en un amasijo de carnes putrefactas, cayendo al suelo.

Para purificarse de tal contacto el viudo se bañó en un torrente, y de cada una de las piezas de su vestidura, abandonada en la orilla, fue surgiendo un dios. Además, de su ojo izquierdo nació Amatérasu, la diosa del Sol; de su ojo derecho, el dios de la Luna, y de su nariz, Susanoo, el Hércules de la mitología japonesa, más violento aún que éste en sus hazañas guerreras y sus acometividades amorosas.

Del acoplamiento de la hermosa Amatérasu y del agresivo Susanoo descienden los actuales emperadores del Japón. Como estos dioses eran hermanos, resulta extremadamente inmoral para los occidentales el origen divino de los soberanos japoneses; pero bueno es recordar que en los primeros tiempos de la creación, explicados por los libros santos del cristianismo y por los de otras religiones antiguas de Europa, existe igualmente el incesto. Los hijos de Adán, para perpetuar la especie, tuvieron que unirse con sus hermanas, las hijas de Eva. Los dioses escandinavos aparecen igualmente en los poemas, aprovechados musicalmente por Wagner, dando vida a hijos e hijas, que se ayuntan para crear los primeros hombres.”

Vivienda típica japonesa

Vivienda típica japonesa

Concierto en Japón.

“Cuando termino, el profesor Shizuo Kasai, otro traductor de mis libros, empieza la tarea de repetir en japonés a este público atento y estudioso todo lo que yo he dicho, frase por frase. Como esto va a durar otras dos horas, me escapo con el coronel Herrera y varios amigos, para visitar la elegante casita que tiene este compatriota en las cercanías del templo de Meiji-Jinju, levantado en memoria del penúltimo emperador. A las seis volvemos al salón del Hochi, donde aún va a celebrarse otro acto para mí. Es un concierto dado por la mejor orquesta de la capital y en cuyo programa figuran, a la vez, obras de Wagner, de Debussy, y dos sinfonías de Yamata, el primer músico moderno del Japón.

Encuentro en dicho concierto el mismo público que ha escuchado las conferencias de la tarde. Estos hombres y mujeres, siempre atentos, con expresión meditativa, ocupan su sitio desde las dos de la tarde… y son las ocho de la noche.

Termina la jornada con un banquete a la europea en el Hotel Imperial, obsequio de los propietarios y principales redactores del Hochi. El presidente y el vicepresidente de este diario, los señores Machida y Ohta, me presentan a los comensales, entre los que figura Syusei Tokuda, el gran novelista del Japón. Los más van vestidos de frac, pero algunos profesores se presentan con el kimono negro de seda, que es el traje de ceremonia de los japoneses distinguidos.”

Danza sagrada japonesa.

Monte Fuji

Monte Fuji

“Me doy cuenta de que estoy presenciando una ceremonia del culto sintoísta en toda su pureza, como no puede verse en ninguna ciudad, sin público alguno, dirigiéndose los sacerdotes a las sombras augustas de los dos shogunes en honor de los cuales se elevó este templo hace siglos. Los tres platoscopas deben contener arroz, saké y tal vez perfumes.

Cuando termina el ofertorio, el sacerdote principal guarda su paleta en la faja y saca de ésta una especie de abanico de madera, que es en realidad una sucesión de tabletas unidas por hilos, como una pequeña persiana. Las láminas de sándalo están escritas, y el sacerdote empieza a leer en voz alta el libro sagrado. Al terminar su lectura se abre un larguísimo silencio, en el que suenan más fuertes los chillidos de los pájaros. Se persiguen por el interior del templo o revolotean bajo sus aleros, familiarizados con una ceremonia que se repite todos los días.

Tuerzo un momento la cabeza, adivinando una presencia extraordinaria abajo, en la explanada. Son los dos ciervos, que han vuelto, y aprovechando la quietud de este terreno despejado, se persiguen juguetones, y alzándose sobre las patas traseras, restriegan sus cornudas frentes.

La sacerdotisa se ha mantenido inmóvil durante el largo ofertorio. Me hace recordar a Parsifal, el héroe de Wagner, cuando permanece más de medio acto de espaldas al público, presenciando la lenta ceremonia del Santo Grial. Calla el sacerdote orante, se guarda en la faja el libro-persiana, y suena a continuación un sordo y lejanísima trueno.

Ha empezado el otro bonzo a golpear con ambas manos un timbal que yo no había visto. Presiento que va a desarrollarse lo mejor de la ceremonia. La sacerdotisa de la sotana roja se levanta del suelo, lentamente, con un movimiento ondulatorio, lo mismo que las cobras surgen del enrollamiento de su cuerpo, balanceando la cabeza al compás de la flauta del encantador. Ya está de pie y empieza a dar vueltas por la pagoda, siguiendo el ritmo del monótono tamborileo.”

En Filipinas.

Mercado de las flores, Manila.

Mercado de las flores, Manila.

“Al aspecto limpio de esta ciudad y a la elegancia de sus habitantes hay que añadir la hermosura de su flora. En los jardines se ven árboles de extrañas formas para los ojos europeos, cuyos nombres no tengo tiempo de conocer. En los alrededores de Manila corre el automóvil a través de campos sobre los que yerguen su aéreo surtidor de verdes plumajes innumerables especies de palmeras.

Atravesamos un jardín con unos arbustos grandes como árboles y flores enormes de un rojo mágico, que recuerdan el jardín encantado de Klingsor en la leyenda wagneriana de Parsifal. Algunos pasos más allá empiezo a ver tumbas entre esta vegetación maravillosa, y me entero de que marchamos por un cementerio. Creo que en ninguna parte de la tierra la fealdad de la muerte ha logrado ocultarse bajouna envoltura tan seductora.

En la mesa, a la hora de los postres, es cuando se aprecia mejor la dulce fecundidad de este suelo paradisíaco saboreando frutos que existen indudablemente en otros países tropicales, pero en ninguno de ellos llegan a adquirir la sabrosa madurez que en Filipinas.

De todo cuanto me muestran en Manila lo más extraordinario son las escuelas. Yo he viajado por la mayor parte de los Estados Unidos y conozco el enorme desarrollo de su enseñanza pública. Por eso puedo afirmar que las escuelas de Filipinas son superiores a las de muchos Estados de la gran República. Hay que añadir que su profesorado, tanto masculino como femenino, está compuesto de hijos del archipiélago. Pude conversar en varias escuelas con maestros y maestras. Ellos son unos gentlemen pulcramente vestidos con el traje de ceremonia del país, esmoquin blanco y corbata negra. Ellas llevan la falda de seda y el corpiño de gasa, pues por nacionalismo consideran oportuno dar sus lecciones vistiendo a la filipina.

Todos revelan en su conversación una gran cultura, un continuo estudio, un ansia insaciable de saber. Esto último es lo que caracteriza a los filipinos modernos. Maestros y discípulos desean siempre saber más; sienten una verdadera hambre de conocimientos y prestan una atención concentrada a toda novedad intelectual que les sorprende.”

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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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