Wagner y el impulso erótico. El amor en la obra de Wagner (III) Cartas de amor. Ludwig.

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Tristan und Isolde

“Puede parecer algo atrevido, quizás, fundamentar como objetivo de este ensayo, la reivindicación que el músico alemán Richard Wagner (1813-1883) realizó sobre el deseo, el erotismo y el amor libre en muchas de sus óperas, argumentos que excedían más allá de cualquier convención social de la época. Conceptos como el adulterio, el incesto, o el erotismo sensual, proliferan en sus dramas musicales, motivos que fueron advertidos, en su momento, por los críticos e intelectuales que escribieron ensayos o artículos sobre su obra lírica.”

(Richard Wagner: del deseo al amor libre. Lourdes Jiménez Fernández)

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Madame Bovary  de Gustave Flaubert, y Anna Karenina  de Tolstoy.

Os recomiendo acabéis de leer el ensayo AQUÍ. Quisiera remarcar que el campo semántico utilizado: deseo, erotismo, amor libre, adulterio, incesto, erotismo sensual es plenamente wagneriano, aunque Wagner no sea el único autor de su época que trata temas como el del adulterio de Isolda. Lourdes cita a Madame Bovary (1857) de Gustave Flaubert, y el de Anna Karenina (1873-1877) de Tolstoy. Son dos mujeres que buscan fuera del matrimonio y de las normas sociales lo que no encuentran dentro de ellas. Su impulso erótico las llevará a cometer adulterio, lo que pagarán muy caro en la mojigata sociedad del XIX. Fricka, diosa del matrimonio, no perdona. El caso de Isolda tuvo más aceptación porque está situado en una leyenda medieval y se ve como algo lejano. Sin embargo, la Violetta de La Traviatta de Verdi, desprotegida de la protección medieval, fue atacada con toda dureza. Tampoco Wagner y su Tristan und Isolde escaparon del castigo de sus contemporáneos. El día del estreno la prensa se hizo eco tanto del adulterio operístico como del real, ya que Wagner mantenía relaciones con Cosima Büllow, consentidas por el marido. Decía la prensa:

“El adulterio bajo timbales y trompetas con música del futuro.” Este ácido comentario se acompañaba de la conocida caricatura del trío formado por Wagner, Cósima y Büllow. La sociedad muniquesa era extremadamente conservadora y Wagner no caía bien entre los ministros de Ludwig.

Resulta irónico que a Wagner se le asocie desde o tras la II Guerra Mundial con el antisemitismo, cuando en su época era considerado el músico del impulso erótico, del amor más allá de las normas establecidas. Diríamos que Wagner fue un revolucionario en muchos aspectos: político, amoroso y musical. Si hemos de resumir su obra en dos palabras estas son amor y el poder en sus diferentes facetas, incluyendo su negación.

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Wagner sitúa en el amor la solución de los problemas. Es más, si no hay amor aparece la violencia. Los personajes más sanguinarios de la obra de Wagner son los que carecen de amor, ya sea por voluntad propia o por las circunstancias. El fratricidio entre los gigantes tiene su origen en la renuncia a  Freia – el amor – y quedarse con el anillo – el poder. Son términos antitéticos. Fricka sería un caso similar. Está despechada porque Wotan ya no la ama. Por eso es tan implacable al pedir la cabeza de Siegmund. No se limita a cumplir como diosa del matrimonio sino que se aprecia un malvado placer en ello. El welsungo es fruto de la infidelidad de Wotan. Wotan lo ama. El mismo desdichado ama a su gemela y eso no lo puede consentir quien no es amada. Más que justicia divina lo que presenciamos es venganza humana. Y es que los dioses wagnerianos son tan humanos como Feuerbach los describió.

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Alberich sería otro caso de violencia relacionada con el poder y la falta de amor. En este caso, la renuncia fue voluntaria tras el rechazo de las ondinas. En su maldad y falta de amor, no solo es cruel con su propio pueblo – los nibelungos – a quien esclaviza, sino con su propio hermano. Realmente, estos hermanos son el equivalente en el inframundo – el Nibelheim – de los gigantes.

Por no alargar la lista en exceso, terminamos con Klingsor, el mago malvado de Parsifal. No siendo capaz de mantenerse casto, recurre a la castración, es decir, su renuncia al sexo no es natural sino forzada mediante la violación de su propia naturaleza. Odia a los caballeros del Grial, comunidad de la que fue expulsado, y realiza sus artes mágicas para destruir la virtud de sus antiguos compañeros, empezando con Amfortas, tentado por su diablesa Kundry y herido con la lanza sagrada por el pérfido mago.

Como vemos, para Wagner el amor obra milagros – todas las redenciones que suceden a lo largo de su obra son actos de amor, amor-compasión, amor-renuncia – y la falta del mismo ocasiona violencia. Wagner se adelante a la psiquiatría moderna con su potente intuición.

Seguimos con dos temas que considero muy interesantes para esta entrega sobre el amor y el impulso erótico: el concepto de persona completa y en el de homosexualidad referidos Wagner, a sus lecturas y escritos o a personas próximas al compositor, como Ludwig II de Baviera. Lógicamente, hablaremos de Parsifal.

Wagner murió mientras trataba de escribir “De lo femenino en lo humano”. Una lástima. Amigo de Maldiwa von Maysenburg, precursora del feminismo, seguro que hubiera sido muy interesante y quizá nos hubiese aclarado algunas cuestiones sobre su Parsifal.

Veamos que nos dice de las relaciones amorosas en la antigua Grecia.

“SOBRE EL AMOR ENTRE HOMBRES

Lo comenta Wagner en el apartado dedicado a la escultura de su libro La obra de arte del porvenir.

Hablando de los antiguos griegos, de los espartanos en concreto dice:

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Detalle vasija griega. Pederastia.

“Este bello ser humano desnudo es el núcleo de todo espartanismo: de la efectiva alegría por la belleza del cuerpo humano más perfecto del cuerpo MASCULINO, nació EL AMOR ENTRE HOMBRES….. Este amor, en su pureza originaria, se nos aparece como la exteriorización más noble y desinteresada del sentido de belleza humano. Así como el amor del hombre por la mujer, en su manifestación más natural, es en el fondo un amor egoísta ávido de placer, en el que el hombre, puesto que halla satisfacción en un determinado goce sensual es incapaz de volcarse con todo su ser – así el amor entre hombres se presenta como una inclinación que es, con creces, mucho más elevada precisamente porque NO ansía un determinado placer sensual … y sólo en el grado exacto en que la mujer de consumada femineidad, en su amor hacia el hombre y al sumergirse en el ser de éste, también ha desarrollado el elemento masculino de dicha femineidad (1) y ha destruido en ella el elemento meramente femenino, o sea, en el grado en que es ella para el hombre no sólo AMADA sino AMIGO (sic), el hombre es plenamente capaz de encontrar satisfacción en el amor a la mujer.”

(1) Fijaos que Wagner hace referencia a elementos masculinos y femeninos en la misma persona.

Se podrá argüir que Wagner se refiere a los antiguos griegos, y es cierto, como también lo es que el sajón toma como modelo precisamente la tragedia griega como modelo para sus dramas musicales.

Wagner tuvo una relación amorosa platónica muy similar a la descrita anteriormente sobre los griegos con Mahilde Wesendonck. Una relación sin goce físico, puramente anímica.

Sobre los antiguos griegos hay que decir que practicaban la homosexualidad. Para ellos, la mujer era un mero receptáculo de semen para tener hijos, no para el disfrute sensorial o extrasensorial. Este papel lo cumplían los efebos, jóvenes bellos íntimamente relacionados con un adulto. La relación podía ser meramente platónica o carnal, si bien no incluía la sodomización, si que practicaban otro tipo de experiencias eróticas carnales como las que podemos ver pintadas en las vasijas de la época. Por ello, podemos hablar de la homosexualidad simbólica, es decir, la que no se consuma carnalmente. Este tipo de relación se daba con cierta frecuencia en época de Wagner, incluyendo la carnal también. El sajón siempre fue tolerante con ambas. No así la sociedad victoriana o guillermina de su época, que condenaba con severidad, incluyendo la muerte, estas conductas. Recirdemos lo casos de Óscar Wilde o Chaikovski.

Veamos la carta de Wagner a Mathilde Wesendonck y comprovemos la similitud con el escrito sobre los griegos. Se trata de una relación amorosa platónica puramente emocional y sin consumación sexual:

Carta de amor de Richard Wagner a Mathilde
Venecia, 1 de enero de 1859

Mathilde Wesendonck

Mathilde Wesendonck

“No! ¡No te arrepientas nunca de aquellas caricias con que embelleciste mi pobre vida! ¡No conocía estas flores deliciosas que brotan del suelo purísimo del más noble amor! Lo que soñé como poeta tuvo que realizarse alguna vez tan maravillosamente; este rocío delicioso que reconforta suavemente y transfigura tuvo que caer alguna vez sobre el suelo vulgar de mi existencia terrestre. No lo había esperado nunca, y sin embargo es como si lo hubiera sabido. Ahora estoy ennoblecido: he sido elevado al supremo rango. Sobre tu corazón, en tus ojos, de tus labios, fui liberado del mundo. Cada pulgada de mi cuerpo es ahora libre y noble.

¡EL SABERME AMADO POR TI TAN PLENAMENTE, TAN DULCE Y SIN EMBARGO TAN CASTAMENTE, ME HACE TEMBLAR DE SAGRADO PAVOR ANTE MI PROPIA GLORIA!

Ay, aún lo respiro, aquel mágico perfume de las flores que recogiste en tu corazón para mí: no fue­ron brotes de vida; así exhalan su perfume las flores milagrosas de la muerte celestial, de la vida eterna. Así adornaron, en tiempos lejanos, el cadáver del héroe antes de convertirlo en cenizas divinas; en esa tumba de llamas y fragancias se precipitó la amante para unir sus cenizas con las del amado. ¡Entonces fueron uno! ¡Un solo elemento! ¡No dos seres vivientes: una misma materia divina para la eternidad!

¡No! ¡Nunca te arrepientas! ¡Aquellas llamas ardieron luminosas, puras y claras! No la ensució nunca el sombrío incendio ni el humo impuro ni los vapores de angustia, aquella llama pura y casta que jamás brilló tan limpia y aureolada como para nosotros, por lo cual nadie puede conocerla.

Tus caricias… son la corona de mi vida, las deliciosas rosas que florecen de la guirnalda de espinas con que estuvo adornada mi cabeza. ¡Ahora me siento orgulloso y feliz! ¡Sin deseo, sin apetencia! ¡Goce, suprema conciencia fuerza y capacidad para todo, para afrontar cualquier tempestad de la vida! ¡No! ¡No! ¡No te arrepientas! ¡No te arrepientas! ¡Nunca!”

Esta carta podría ser perfectamente el fruto de un amor homosexual de tipo simbólico, bastante común en la época.

Ahora nos adentraremos en Ludwig II, homosexual no autoaceptado debido a su condición de católico  ultraconservador. Su modelo era nada menos que el Rey Sol. Wagner le llama “Mi Parsifal” de manera cariñosa. Precisamente, sobre este personaje recae la sospecha de homosexualismo. Resulta curioso que resista el embrujo erótico de Kundry cuando tantos caballeros, con mucha más experiencia que él, no lo han resistido y que tras el beso la primera palabra que le venga a la mente sea la de un hombre: “Amfortas”. En otro momento trataremos de dilucidar el caso. De momento, tan solo apuntamos la posibilidad aunque sea simbólica.

Veremos algunas cartas de la correspondencia del rey. Desgraciadamente, intereses de estado fueron la causa de la destrucción de buena parte de ellas. Tenemos sin embargo suficiente para demostrar su homosexualidad. Es importante porque hay un sector del wagnerismo filonazi que se empeña en negar la homosexualidad de Ludwig, incluso su locura o su gusto por los despilfarros regios.

En otro apunte hice referencia a una cierta beatería schopenhaueriana que inluye a sectores filonazis que exageran el influjo del filósofo pesimista en las obras de Wagner. Es cierto que Wagner da pie a ello, pero se autoengaña como podemos comprobar al estudiar sus obras. Ahora no es el momento. Lo cierto es que hay estudiosos que siguen viendo a Feuerbach en Pasifal, obra que podríamos comparar al Ring en el sentido de que entre sus gestación y estreno pasa un cuarto de siglo. En su gestación, paralela a Lohengrin no hay conocimiento de Schopenhuer, mal que les pese a estos beatos. Lohengrin es el hijo de Parsifal.

En cuanto a Lohengrin y Parsifal, son obras lejanas en el tiempo, en cuanto a su conclusión, pero no en cuanto a su gestación. Gregor-Dellin nos recuerda que la práctica totalidad de la obra wagneriana fue “ideada” en una década, ya que unos temas llevan al autor a otros, existiendo una cierta relación entre todas ellas. Así, de acuerdo con Bauer en su “Guía” (Alianza), las primeras lecturas de Wagner sobre Parzifal y Titurel se remontan a la década de los 40. En los 50 ya empieza a esbozar lo que sería su Parsifal, mientras tenía entre manos el Anillo y estaba esbozando Tristán.

Volvamos a Wagner y su concepto -avanzado para la época – de ser humano:

Carta a Röckel de 1854. Aquí veremos lo que Wagner entiende por ser humano y su concepción de redentor (las mayúsculas son mías como en los casos anteriores):

“Ahora UN SER HUMANO ES AMBAS COSAS HOMBRE Y MUJER, y sólo al estar unidos los dos existe el ser humano real, y aún sólo es a través del amor que hombre y mujer consiguen la máxima medida de humanidad. Pero cuando hoy en día hablamos de ser humano, nuestra mente es tan estrecha y descorazonada que casi involuntariamente pensamos sólo en los hombres. Sólo en la unión de hombre y mujer A TRAVÉS DEL AMOR (SENSORIAL Y SUPRASENSORIAL), existe el ser humano; y como el ser humano no puede elevarse a nada superior que su propia existencia, su propio ser, así el acto trascendental de su vida es la consumación de su humanidad a través del amor.”

“La experiencia lo es todo. Más aún, SIGFRIDO SOLO (HOMBRE DE POR SÍ) NO ES EL SER HUMANO COMPLETO: SÓLO ES LA MITAD; SÓLO JUNTO CON BRUNILDA SE CONVIERTE EN REDENTOR. Para el ser aislado no todas las cosas son posibles; es necesario más de una, y es la mujer que sufriendo y queriendo sacrificarse ella misma es al fin la redención consciente: ya que amor no es más que lo eternamente femenino (das ewige Weibliche).”

En el 54, es cuando Wagner lee a Schopenhauer. Podemos ver que Wagner insiste en el amor, en el amor humano, no hay nada por encima del amor, ni seres humanos ni redención. No habla de Dios o dioses, sino de seres humanos unidos por el amor. Esto hay que decirlo ya que hay quien corre mucho para bautizar a Wagner. De momento no ha dado muestra de creencias en nada que exceda lo puramente humano. Mas adelante, ya veremos. Sería cuestión de analizarlo.

Diversos estudiosos del tema, entre ellos Ángel Mayo y Hans Küng (Música y religión. Taurus.), sostienen que Parsifal es algo así como la respuesta al interrogante final del Ocaso, al motivo de la redención por amor; como la continuación de la tetralogía. De hecho existe un cierto paralelismo entre Siegfried y Parsifal y en ambas obras se plantea el tema de la redención, que tanto obsesionaba a Wagner.

Dadas las palabras del mismo Wagner anteriormente citadas no me parece descabellada la idea de que en su obra postrera el redentor, Parsifal, reúna en una misma persona los caracteres masculinos y femeninos que forman al ser humano, ya que nos movemos dentro de lo simbólico y no de lo literal. Parsifal sería así como la suma del principio masculino (Siegfried, el hombre, natural, salvaje, inocente, el instinto) y Brünnhilde (la mujer, sabia, compasiva, la experiencia). De hecho, pienso que la lectura que hace Sylberberg en su película en la que Parsifal es interpretado por un chico y una chica, responde a este punto de vista. No es que Parsifal sea homosexual o gay en el sentido que le damos hoy habitualmente a estas palabras, sino que es la suma de lo masculino y lo femenino: el ser humano completo, el redentor.

Fiajos: 1854, año en que se lee “El mundo como voluntad y representación”. Wagner escribe: “El ser humano no puede elevarse a nada superior que su propia existencia”. “La experiencia lo es todo.” Aquí no hay ni religiosidad ni idealismo. Sigue presente Feuerbach. Lo hemos leído en la carta anterior a Röckel.

Para Wagner, el ser humano completo es la suma de hombre y mujer. La unión de Siegfried y Brunhilde, el principio masculino y el femenino dará como resultado a Parsifal, el redentor.

Una concepción muy avanzada para su época, en la que la mujer no tenía derechos civiles.

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Ludwig II

Como dije anteriormente, los hay interesados en presentarnos a Ludwig II de Baviera  como un ario de pura raza incapaz de determinados comportamientos, perfectamente naturales y respetables pero que en su código medieval es anatema y tabú. Todo son mentiras de judíos, homosexuales y marxistas utilizando sus propios términos.

Hablando de Ludwig, se negó su homosexualidad, su locura, que desembolsara cantidades ingentes de dinero para Wagner, su megalomanía. Todo era culpa de los “politicastros” de la corte bávara y de la prensa “judía” que era avasalladora y odiaba a Wagner. Se acusa al lobby gay, que atribuye homosexualidad a diestro y siniestro para autojustificarse. También se arremetió contra una obra de arte, la película “Ludwig” del “infame” Luchino Visconti. Todo un poema de ocultaciones y de mentiras.

Coincido en quitar importancia a la cuestión económica y calificar de “insignificante” el vil metal cedido. Realmente, el montante que prestó el rey a Wagner era una minucia en comparación con lo que gastaba para sus entretenimientos privados y su persona. Con él Wagner paga todas sus deudas No lo devuelve, como de costumbre. Quién lo hizo años después fue Cosima, que también conoció al rey. La mujer de Wagner contrató a un experto gestor económico que saneó las cuentas de Bayreuth y obtuvo un superávit con el que devolvió el dinero al reino de Baviera.

Ludwig II de Baviera, conocido como “El rey loco”, “El rey de los castillos” o “El rey de los cuentos de hadas”, heredó muy joven el trono. Desde niño estaba familiarizado con la literatura germánica y los cuentos de hadas. No fue él quien empezó a construir castillos de ensueño, era una tradición familiar que él siguió. Estos castillos estaban decorados por pinturas relativas a los cuentos y leyendas citados. En este sentido, destacó su abuelo, Ludwig I, que construyó un edificio a imitación del Partenón al que llamó el Walhalla. Fue visitado por Hitler tras la anexión de Austria para rendir homenaje a su paisano Bruckner, cuyo busto fue allí colocado.

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Walhalla

Era un admirador del Rey Sol, Luis XIV de Francia. Mandó construir su propio Versalles. Le gustaba vestirse cual príncipe de cuentos de hada. Cuando asistió a una representación de Lohengrin, quedó prendado de la música de Wagner, a quien quiso conocer y ejercer su mecenazgo.

Ludwig era un homosexual que se sentía culpable por ello debido a su catolicismo, que condenaba (y condena) esta opción sexual. Se esperaba que tuviera un heredero. Como Cosima hiciera con Siegfried (otro homosexual/bisexual), le buscaron una pareja femenina para casarse. El pospuso tantas veces el matrimonio, que la señorita se cansó y se casó con otro. No llegó a casarse.

Tuvo una excelente relación con su prima Sissí. Ambos compartían el gusto por la música de Wagner, entre otras cosas. Pero el asunto no pasó de ahí. Como es sabido, la princesa se casó con el que sería heredero al trono austriaco. Ambos países católicos, Baviera y Austria eran aliados y opuestos a la protestante Prusia.

La relación con Wagner fue de amistad, aunque Ludwig estaba enamorado del sajón. Mantuvieron correspondencia durante 20 años. Desgraciadamente, durante la II Guerra Mundial desapareció la correspondencia del monarca al músico; lo que nos ha llegado son copias de las mismas. Sí que tenemos las escritas por Wagner. La simple lectura de lo escrito por Ludwig nos deja bien claro este amor, que nunca llegó a consumarse físicamente, por supuesto. Wagner era inequívocamente hetero. Sin embargo la malas lenguas le atribuyeron el sobrenombre de “Lolus” a Wagner. Ello se debe a que el padre o el abuelo de Ludwig tuvo un romance amoroso con la bailarina irlandesa Lola Montez.

Wagner no era bien visto en la corte por la influencia que ejercía sobre el monarca, que iba desde lo económico a lo político. La gota que colmó el vaso y que Wagner tuviera que dejar Munich fue el escándalo provocado por el affaire Cosima. Hans von Büllow.

Veamos algunas cartas dirgidas a Ludwig:

“Déjame asegurarte que siempre alimentaré con la misma sinceridad los sentimientos de agradecimiento y leal amor que te profesa mi corazón. Recuerda con amor a tu fiel Ludwig”

(carta de Ludwig a Paul).

Se dice que acabaron siendo amantes. Parece que Paul mantenía un diario, pero fue destruido por su familia (más tarde se entenderá el porqué). Sin embargo, una carta de 1866, escrita a Ludwig desde su apartamento en la Türkenstrasse de Múnich, es reveladora:

¡Querido y Amado Ludwig! Justo estoy acabando de escribir en mi diario, mientras pienso en las hermosas horas que pasamos juntos esa tarde hace una semana, que me hiceron el hombre más feliz sobre la Tierra… Oh, Ludwig, Ludwig, ¡te adoro! No podía soportar a la gente que me rodeaba; permanecí rígidamente sentado y, en mis pensamientos, estaba junto a ti… Cómo latió mi corazón cuando, al pasar por la Residenz, vi una luz en tu ventana.”

Paul también era wagneriano.

Con el alias Friedrich Melloc, Paul viajó de nuevo a Tribschen en agosto, esta vez sin Ludwig, para intentar convencer a Wagner de que volviera a Múnich. La siguiente carta de Paul al rey está fechada el día 7 de agosto:

“Acabo de abandonar el íntimo círculo de los queridos amigos (es decir, Richard y Cosima Wagner) y me he retirado a la confortable habitacioncilla que compartimos cuando estuvimos juntos aquí… ¡Hermoso recuerdo! Él y la señora Vorstal (esto es, Richard y Cosima) mandan sus más calurosos saludos. Que Dios te proteja y te mantenga en el trono. Ése es su deseo y el mío propio, pues sólo así podemos lograr nuestro elevado ideal. Los resultados de mi misión, mejor te los haré saber de viva voz, y creo que los encontrarás satisfactorios… Pero buenas noches por ahora, en mis pensamientos te saludo un millar de veces. Tu sincero y fiel Friedrich.”

Cuando supo que había perdido el favor del rey, le envió cartas llenas de desesperación, sin recibir respuesta:

“¡Mi Ludwig querido! En nombre de todos los santos, ¿qué te ha hecho tu Friedrich? Qué dijo para que no le honrara ninguna mano, ningún buenas noches, ningún ’nos vemos’? No puedo expresar cómo me siento, puede que el temblor de mi pulso ilustre bien mi desasosiego. No pretendí hacerte daño. Perdóname; sé bueno conmigo otra vez, me temo lo peor – no puedo soportar esto. Ojalá que estas letras reconciliadoras lleguen a ti. ¡Amén! Perdona a tu desdichado Friedrich.”

Quien tenga ojos, que lea.

Otro tema es el de la locura. Hay opiniones varias, pero lo cierto es que recibió atención psiquiátrica y que se identificó tanto con Lohengrin que el gustaba ir en barca por la noche acompañado de un cisne. ¿Exentricidad? Abandonó la corte y se refugió en uno de sus castillos de hadas. Exacerbadamente romántico, huía del mundo real para refugiarse en el arte.

Fue presionado para aliarse con Prusia y participar en la guerra franco-prusiana.

Su muerte nunca quedó clara. Murió ahogado junto a su médico en un lago. Hay quien piensa que mató al doctor y luego se suicidó, y quien afirma que fue un complot político para deshacerse de un rey enfermo que no podía reinar.

El tema ha sido llevado al cine en varias ocasiones. En la próxima entrega hablaremos de ello.

Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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