To take the mickey. The rats. Una historia kafkiana muy wagneriana.

Rey elefantes

Hay quien caza elefantes.

Una de ratas:

(Leer sin música)

Estaba preparando material para mis clases. Me ha venido a la cabeza que muchos alumnos hacen el plural de “mouse” incorrectamente, y dicen “mouses”, cuando es “mice”, por influencia del castellano. Con los peques relaciono siempre “mouse” con Mickey Mouse. Con los mayores trabajo algunas expresiones y frases hechas como “to take the mickey”, que en American English informal significa “ridiculizar” o “burlarse”. Tengo un truco para no equivocarme yo mismo: “To take the mickey” es lo que hacen los regidores con los tontos del culo, que encima les aplauden. Como si fuera una pesadilla o un sueño alucinógeno el stage de Bayreuth se llena de rats cada vez que suena la música etérea y divina de Lohengrin. Se puede leer esta ecuación:

To take the mickey = To ridicule or mock.

Enseguida me han venido a la cabeza las rats que no mice porque son ratas grandes y asquerosas del Lohengrin ratonil. Menudas cosas hace la mente. Y me ha venido a la imaginación la adaptación que hice para niños de 10-11 años de la obra, las actividades que hicimos y su representación teatral con los padres delante. Se lo comentaba a un amigo que tiene experiencia en montar óperas de verdad más allá del Atlántico. Yo disponía de un grupo de niños con problemas de aprendizaje y preparé textos de Wagner en los tres idiomas del cole para trabajarlos con ellos en grupos reducidos. Ahora ya no podría hacerse. La crisis. El caso es que me encargué de los textos, de la música – elegí la de Solti porque sonaba más espectacular – , entre todos preparamos la escena con dibujos pintados que luego redujimos a filminas para ser proyectadas. El vestuario era el que indicaba el libreto. Fuimos a una tienda de disfraces y compramos algo. Las madres también colaboraron haciendo de costureras. Teníamos luces de colores que nos permitían cambiar de ambiente y del día a la noche. No faltó el cisne blanco proyectado en la pared. Ni la música orquestal cuando correspondía. Estuvimos meses preparándolo.

ratas cazadas

Hay quien caza ratas, pero para comérselas.

Por fin llegó el día del estreno. Todos estábamos nerviosos. Yo el primero. “Y si se me pone malo Lohengrin”, pensaba yo. Nadie faltó. Me coloque en primera fila escondido, libreto en mano, para hacer de apuntador. Fue todo muy bien. Los padres no paraban de hacer fotos y de aplaudir. Fue muy emocionante. Al poco tiempo, mi Elsa, una niña de Bolivia tuvo que dejar el colegio porque sus padres no encontraban trabajo y se fue a su país. Lo sentí en el alma. Fue antes de la crisis, pero para algunos la crisis es eterna. ¿Qué habrá sido de ella? Han pasado los años y nunca he vuelto a tener noticias de mi Elsa. Tan solo sé que su familia era más pobre que las ratas – otra vez las ratas – y que aquí estaba bien. Ojalá haya encontrado un Lohengrin a quien no le importe que le pregunten por su origen y sea feliz.

(Leer con música de R. Strauss: Sinfonía alpina y Cuatro últimos Lieder. Mahler: La Canción de la Tierra con su impresionante Finale)

lohengrin1 rats

Una ocurrencia de una mente privilegiada…

Mientras tanto, en un teatro situado en Baviera, al que acuden personas de mucho poderío con pajarita y frac, con collares de perlas y lujosos vestidos. Un perturbado llena el escenario de ratas repulsivas para “provocar”, para “hacer pensar” para “distraer” a una masa panchacontenta y aburrida de burgueses enriquecidos, de presuntuosos de la jet-set, de los explotadores de la familia de mi Elsa, que se pavonean de que hoy están en Munich y mañana en Viena mientras mi alumna no puede hacer más de una comida al día, ellos irán al mejor restaurante de Bayreuth y beberán cerveza negra de pura raza alemana, mi niña beberá agua no potable porque sus genes indígenas le impiden vivir en una casa en condiciones, y hablarán de las asquerosas ratas, que si simbolizan esto o aquello, pero que lo que sí que fue genial fue lo del Flautista de Hamelín cuando se puso a mear detrás de un sofá, lástima que no lo hiciera delante, que las señoras le hubieran visto la pichurra como al fauno empalmado de ese Tannhaüser tan hermoso. “Menuda erección”, “Viagra, Manolita, viagra”, “Calla, marido, ya te gustaría a ti….y a mí”. Y todos ja, ja, ja, ja, Menudo nivel intelectual, han comprendido el Konzept del Regieteather, y entre salchicha y salchicha, mi Elsa caminará kilómetros para llenar un cántaro de agua de manantial.

teatro-grec

Wagner imaginó un teatro para el pueblo libre.

En estos momento me acuerdo del anarquista ruso y de que Wagner soñó con un teatro para el pueblo en el que se elevara su humanidad. Ambos tuvieron el mismo sueño y ambos se pusieron manos a la obra. Pero ambos fracasaron a pesar de sus bombas. Si te encuentras un cadáver en la acera, te apartas para que no se te ensucien los zapatos. Es todo una vana ilusión. Las ratas de ahora son la camada de las ratas de antes. Siempre son los mismos. Y todo lo pueden. La maldición del oro no tiene remedio. Han sobornado al flautista y las ratas, las asquerosas ratas se quedarán con nosotros para siempre sin remedio. Son rompedoras. Nos han roto la estética y la ética porque ética y estética son las dos caras de la misma moneda de la filosofía, la filosofía que justifica el derroche de una minoría a costa de la necesidad de la mayoría. Ratas,el mundo lleno de ratas. Las ratas comen cadáveres humanos, las ratas se lo comen todo. Si hubiese una hecatombe mundial porque los estúpidos que creen que las vacas son sagradas le enviasen un pepinazo atómico a los gilipollas que creen que es pecado que las mujeres enseñen su cabello, todo se hundiría, nada quedaría vivo, excepto las ratas. Las ratas que el niño de “1984” de Orwell veía sobre los cadáveres tras un bombardeo aniquilador de personas indefensas. Ratas, ratas, ratas…. Las ratas que le iban a devorar la cara en la habitación 101.

En el mudo hay más ratas que personas. Y están mejor alimentadas. En París, cuna de todas las revoluciones, se decidió quitar los adoquines de las calles para que no se pudieran construir barricadas. ¿Qué quedó de mayo de 68? Unas cuantas ratas que se vendieron al capital; los “nuevos filósofos” que renegaron de sus orígenes y se convirtieron en los voceros del Flautista, mercenario a sueldo de los de siempre. De los que le marcan el paso a las ratas.

Un día se despertó Kafka y se sintió raro. Estaba escuchando los “Cuatro Últimos Lieder” de Strauss, el que se forró con “Salomé” y se compró una suntuosa mansión, y descubrió que se sentía raro. Le apetecía un buen trozo de queso para desayunar. “Qué raro. Si a mí nunca me ha gustado el queso”. Se rascó la cara y descubrió que el bigote le había crecido mucho; así que se comió el queso y se fue a afeitar. Cuando se miró al espejo, descubrió que parecía una rata. “No puede ser. Eso es que me ha crecido demasiado la barba.” Tarea imposible. Era una rata por más que se afeitara. De repente, escuchó al Flautista tocar su flauta y vio una enorme cantidad de ratas siguiéndole. Bajó a la calle y ocupó su lugar. Las ratas bailaban al son del Flautista. “Venga ratitas, a bailar.” Y bailando bailando llegaron a un lugar donde se prometía queso a raudales. “Entrad, que os vamos a dar una ducha para que estéis limpitas”, dijo un señor de uniforme. Y entraron tan contentas. Sonaba el último de los Cuatro Lieder, el más triste de todos, “Im Abendrot” (En la puesta de sol). Nunca una marcha fúnebre sonó tan bien como este lied.

Alguien abrió una escotilla por arriba y dejó caer un artefacto que emanaba gas. Mientras nuestra ratita se sumía en un profundo sueño recordaba “1984”: Freedom is the freedom to say that two plus two equals to… No pudo acabar la complicada ecuación. Sus ojos se cerraron para siempre mientas era imposible saber si los cerdos de “Animal Farm” de Orwell eran cerdos o personas. “Excelente función”, “Hombre, a mí me gustó más el cantamañanas en Berlín. Eso sí que era un Konzept como Dios manda.” “Calla, calla. Menudo Konzept tiene mi  estafador del lobby desteñido. Eso  sí que es un Konzept como Dios manda. No queda nada de la obra, pero que nada de nada.”

Entre ellos, con mucho cuidado de ensuciarles, pasó una niña con un cántaro de agua. Era mi Elsa, y estaba llorando con un llanto inconsolable que a nadie importaba. Indiferencia, indiferencia, indiferencia…. Su llanto evocaba el final de “Das Lied von der Erde” cantado por Waltraud Meier en València; “Ewig…ewig…” (Eternamente…eternamente…) Aquí quien canta es Christa Ludwig.

Vino Orfeo de los infiernos sin su amada y maldijo a todos los dioses. El infierno estaba lleno de ratas y le repugnaban. Buscó auxilio entre los proletarios. “Si hay alguna esperanza, está en los proletarios” había leído en el libro prohibido de “1984”. Era el “Libro del Conocimiento del Bien y del Mal”. Se acercó a uno y, cuando se giró, le vio ojos, hocico y bigotes de rata. “¡Es una rata!”, dijo con espanto y se puso a girarle la cara a todos los proletarios del mundo que nunca se habían unido. Todos eran ratas, ratas de alcantarilla. Y deseó volver al infierno. Si no encontraba a Eurídice, al menos encontraría a Venus. Pero las Furias no le dejaban avanzar. A falta de cítara, el anarquista ruso le prestó su bomba y la hizo estallar sobre las Furias – que tenían aspecto de ratas – “¡Eurídice!”, “¡Venus!” – las llamaba a pleno pulmón. De repente escuchó un can-can. Era Offenbach y su “Orfeo en los infiernos”, una opereta con un excelente Konzept. Las bailarinas eran ratas. Dos de ellas le dijeron: “Aquí estamos. Somos nosotras. Vaya, qué bigotito tan sexy te han salido.” Efectivamente, Orfeo, antaño divinidad musical y motivo para las primeras óperas era…. Mickey Mouse. Miró su rostro en el yeso alabastro de las paredes del infierno y gritó con toda sus fuerzas: “¡Noooooooooooooo!”

Miguel Delibes escribe “Las ratas” donde los pobres se alimentan de ratas y son capaces de matarse por el derecho a cazarlas y “Los santos inocentes”, denuncia del trato que reciben los cortijeros por los señoritos, que los explotan, humillan y se comportan con ellos como si fueran ratas. La imagen del señorito colgado de un árbol por un cortijero enajenado es apoteósica.

ratas copa rata incisivos

Mi mente ha vagado por aquí y por allá sin límites. Estoy en Bayreyth y me encuentro con el Tío Ratero de Delibes luchando a muerte contra el intruso que le quiere robar las ratas. “Pero Tío Ratero, que las ratas que hay aquí son de pega. Déjelo y vaya a la acequia.”– le dije yo, sin enterarme de la misa la mitad- “Quiá tonto el haba. Son ratas, ratas, enormes ratas bien gordas y llevan collares de perlas, relojes de oro y hasta pajaritas. Son toas pa mí. Yo las vi primero. Y ese desgraciao me las quiere quitar. Antes lo mato. El Tío Ratero soy yo.” Era cierto. De los bolsos salía un apestoso olor a queso. Un terrible pensamiento asaltó mi mente. Fui al lavabo. Me miré la cara en el espejo y ¡NOOOOOOOOOOO! Yo era otra otra maldita rata a la espera del aguijonazo del Tío Ratero que seguro que ya no me reconocía. Entonces me acordé de Kafka y deseé convertirme en un escarabajo, en el escarabajo sagrado de los egipcios, no en una maldita rata con reloj y gafas.

De repente sonó La marcha fúnebre y triunfal de Berlioz y todas las ratas nos pusimos en fila mientras en Tío Ratero decidía cual se comía primero. A sus pies, el intruso que le quería quitar las ratas yacía en un enorme charco de sangre que, más que roja, parecía negra.

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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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