Melancholia. El fin del mundo según Lars von Trier.

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Lars von Trier ha resucitado el cine escandinavo y es uno de los mejores directores europeos actuales. Excelente director y guionista de origen danés, es un artista nada convencional. Su obra se aparta de la industria made in Hollywood y de las películas europeas al uso. Es autor de trilogías memorables como la dedicada a Europa, los EEUU i la depresión. Tiene su sello propio, como Kubrick, a quien rinde homenaje en la película que presento a continuación. Melancholia.

En Melancholia (2.011) nos anuncia el fin del mundo debido a una hecatombe cósmica. La acción gira entorno a dos hermanas y sus vivencias. El guion es suyo. Es un drama psicológico  con elementos de ciencia ficción. Una buena película que no gustará a los amantes del caramelado y falso happy end. El director concibe la vida como tragedia entre el dolor y la indiferencia. Se mueve entre lo onírico y lo documental, con un realismo fantástico al estilo de la novela sudamericana de hace unas décadas.

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Lars von Trier.

La película tiene dos partes. Cada una está dedicada a una hermana. La primera se centra en Justine, de carácter melancólico, que ha tenido una matrimonio desatroso. En la boda, sus padres, divorciados, sacaron a relucir en público sus miserias. La segunda está dedicada a Claire, que padece de depresión y se ve incapaz de realizar las tareas más elementales. Está casada y tiene un hijo. Poco a poco, se irá haciendo fuerte mientras se irá derrumbando  su hermana. AQUÍ podemos leer el argumento. La obertura del preludio de Tristán aparece en los momentos más decisivos. Su uso recuerda al adagietto de la 5ª de Mahler en Muerte en Venecia de Visconti.

Empezamos con la escena inicial de la película y el preludio de Tristán e Isolda. Una escena onírica muy bella plásticamente. Da la impresión de que Wagner compusiera este sugerente preludio para esta película:

Trier tuvo encomendada la dirección artística del Anillo en Bayreuth, pero el proyecto no cuajó. Una pena. Este hombre tiene talento. Esperemos que en un futuro lo vuelvan a llamar.

Tráiler:

Es una película que hipnotiza. Parece sacada de un sueño. Como la música del Tristan de Wagner, tan onírica, nocturna y sublime. La lógica y la razón desaparecen ante la intuición y el misterio. Es como si el tiempo se ralentizara cuando se agota ante el anunciado final de todo que muchos no quieren creer. Se aferran a la idea de que el peligro pasará de largo. No habrá colisión. “Solo hay vida en la Tierra, y esta durará poco”, sentencia una de las hermanas. Después, el olvido y la nada. Sin concesiones. No hay futuro.

En este corte, las hermanas y el marido de una de ellas contemplan una escena real que parece onírica. El niño se duerme. Ya no necesitan telescopio, el enorme planeta Melancolía se acerca cada vez más a la Tierra. Se autoengañan y dicen no tener miedo. La imagen presagia la hecatombe, pero atrae su belleza.

Dos horas de película que se salen del esquema establecido de los 90′. No estamos ante un film amable para conformistas poco exigentes. La fotografía es bellísima, tanto como la música; y la trama, fatalista y triste, como el drama de Wagner. La película empieza con una boda burguesa hablando de dinero como si no fuera a pasar nada. La música de Wagner está tan presente como la amenaza del fin del mundo. Al final, una madre con su hijo, bajo la lluvia, va a la casa de su hermana. No habrá un edulcorado happy end. Una de ellas se siente fracasada por su matrimonio; la otra, padece depresión. Está histérica ante la posibilidad de colisión de la Tierra ante un enorme planeta: Melancholia. Los científicos aseguran que no hay que temer, que no habrá colisión. Pero mienten o están equivocados. El cuñado, que es aficionado a la astronomía, sabe qué pasará y decide suicidarse.

Aquí lo tenemos en el momento en qué confirma lo que todos, en el fondo ya sabían. El telescopio no deja lugar a dudas: el impacto es inevitable e inminente. No quiere prologar la espera y se suicida inmediatamente. A continuación la escena final con la muerte de los demás:

La madre histérica pretende huir para salvarse sin saber a dónde ir. Su hermana la tranquiliza y la convence de que no hay nada que hacer ante lo inevitable. Solo esperar con indiferencia. Podría recordar esta situación a Wotan esperando das Ende, pero no es así. El dios lo desea una vez que ha renunciado a la voluntad de vivir y sabe que es inevitable. La hermana débil trata de huir de él irracionalmente; mientras que la otra lo esperara sin miedo, pero sin desearlo, con la más completa indiferencia.

Acaba la película de una manera estremecedora. Las dos hermanas y el niño se meten en su “choza mágica”, unas ramas sueltas. Se sientan dentro y se cogen las manos. El niño cierra los ojos mientras su madre no pude dejar de llorar, su hermana les infunde ánimo. No hay dios a quien rezar. Un haz luminoso seguido del oscurecimiento total producido por la colisión cierra el film mientras vuelve a sonar el preludio de Tristán.

Aquí tenemos la escena final con el omnipresente preludio de Tristan:

La “choza mágica” tan solo puede proteger la fantasía del niño que, con los ojos cerrados, les da la mano a su madre, llorosa y aterrada, y a su tía, fuerte y con resignación estoica, aceptando lo inevitable. Llueve y hace viento. Es demoledor contemplar a estas tres personas indefensas mientras se aproxima su muerte sin remedio. Es el fin del mundo. El de ellos y el de todos. Tras un gran resplandor que lo inunda todo, sube la intensidad de la música hasta que una negrura pertinaz lo deja todo en silencio.

Confieso que me ha emocionado. La música del preludio del Tristan es tan apropiada para esta película como el adagietto de la 5ª de Mahler para otra película que también me emocionó: La muerte en Venecia, de Luccino Visconti. Y es que el poder de sugestión de la música es capaz de crear universos sonoros que envuelven las películas y transportarnos a otro mundo.

Resulta curioso el poder evocador del preludio del acto primero de Tristán. Lo descubrí de jovencito en una película que me ha marcado para siempre como wagneriano. En esta ocasión acompañaba el encuentro prohibido de Ginebra, esposa de Arturo, y de su mejor amigo Lancelot al abrigo de un bosque. Arturo les sorprende desnudos durmiendo y clava la espada entre ellos. Excalibur de John Boorman, una excelente película. Digo que es curioso porque la música le iba como anillo al dedo. Una situación paralela a la de Tristán e Isolda. Comprobémoslo:

La película acaba con unas citas bíblicas en la pantalla que hacen referencia a la “voluntad de Dios” y a la “muerte”, la “resurrección” y la “vida”. “El que cree en mí jamás morirá”. Entre ellas aparece una pregunta tan demoledora como la escena que acabamos de ver. ¿Realmente lo crees? Este interrogante no parece dejar demasiado margen para la esperanza. La desolación es total.

Volviendo a la película, se nos plantean una serie de cuestiones: el papel de la religión y de la ciencia, el del libre albedrío, el de la importancia de las cosas, el papel del destino, el sentido de la vida, la inevitabilidad de la muerte, etc.

Quizá os interese hablar de ello. Seréis una excepción en este mundo donde nadie tiene tiempo para reflexionar ni para hablar. Donde hay que disculparse si te extiendes en una respuesta. Donde se hacen debates de 59”. Donde hay que comunicarse con sms o con minitextos de unos pocos caracteres. Donde corremos como locos para no llegar a ningún sitio, cuando nuestro lugar será un nicho o una urna funeraria.

There is no future. Melancholia is coming now and we can’t do anything. There isn’t any god to pray.  There isn’t any god at all. There is only life on Earth, but not for long. Do you really believe in God?

No hay futuro. Melancholia está llegando ahora y no podemos hacer nada. No hay ningún dios para orar. No hay ningún dios en absoluto. Sólo hay vida en la Tierra, pero no por mucho tiempo. ¿De verdad crees en Dios?

Saludos.

Regí.

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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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