Utopía político-artística basada en El Arte y la Revolución de Wagner (1849).

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La Troika es el medio del Gran Capital para despojarnos de nuestros derechos y sumirnos en la miseria. Los políticos, vendidos a los bancos, son sus lacayos y voceros. La policia y el ejército son los garantes del sistema.

La realidad es tan triste y el futuro se vislumbra tan lóbrego que la única solución es el sueño utópico. La utopía como horizonte más allá de los nubarrones que se nos anuncian como inevitables. Nos quieren engañar tratando de convencernos de que no es posible otra solución que la que a ellos conviene. Si el único futuro es el que quieren imponernos, no habrá futuro para nadie porque no nos vamos a dejar poner sus cadenas. Si el futuro que nos preparan es el futuro, el único posible, entonces rompamos la baraja y respondamos: No cuenten conmigo. There is no future.

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A mediados del siglo XIX, Wagner pasó por una experiencia similar y escribió un ensayo válido para ahora mismo. Yo me he permitido recrearlo siendo fiel al espíritu y, a menudo, a la letra del original. Este es mi MANIFIESTO:

Actualmente estamos en una crisis que indica que el sistema actual se está – si es que no lo está ya – agotando. Los fundamentos que hasta hoy han sostenido la industria, el comercio y la riqueza están ahora amenazados y las fibras de nuestra forma de vida están fuertemente roídas por una inquietud y una angustia atormentadora. La pusilanimidad del espíritu emprendedor ha paralizado el crédito. Quien quiere conservar lo que tiene seguro renuncia a la ganancia insegura, la industria se paraliza y el arte no tiene de qué vivir.

El artista estaba acostumbrado a recibir la protección del estamento bienestante de nuestra sociedad acaudalada, que le remuneraba espléndidamente las producciones que le placían y le permitían disfrutar de una vida tranquila.

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La tragedia griega era el modelo en que se basó Wagner para sus reformas.

Esto sucede así porque el arte es un producto social resultado de la vida pública. En la antigua Grecia, el artista tenía un carácter semidivino. Arte y religión eran sinónimos, como nos recuerda el mismo Wagner y él mismo trató de instaurar. Se glorificaba la vida y la belleza. Con la llegada del cristianismo, la concepción del hombre cambia y, por tanto, la del arte. La vida humana se concibe como algo inútil y miserable, repugnante y digno de desprecio. El reino de los sentidos era el reino del diablo, por lo que quien disfrutaba en la vida terrenal era condenado a las penas eternas del infierno. A cambio de reconocer su condición miserable y de abdicar a todo esfuerzo para huir de este estado de cosas se le prometía la vida eterna hasta la muerte.

De aquí que mientras los griegos gozaron de una franca democracia y tenían por juez una asamblea popular, los cristianos tuvieron la Inquisición y fueron gobernados por un hipócrita absolutismo.

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Galileo frente a la Inquisición. Ciencia vs Religión.

La hipocresía ha sido la característica fundamental de toda la era cristiana hasta nuestros días. Y la lucha del poder temporal contra el despotismo eclesiástico, una constante histórica. Sólo al enfriarse el fuego de la fe religiosa con el Renacimiento, las cosas empiezan a cambiar para el arte precisamente por la vuelta al hombre y a la Antigüedad y su culto pagano por la belleza y el mundo sensorial, que la Iglesia acaba apropiándose sin escrúpulos de manera falsa e hipócrita.

Con la revolución industrial, el concepto de la vida y del arte vuelven a cambiar. Su esencia es la actividad económica y su fin moral, el lucro. El arte se convierte en entretenimiento de ociosos y especuladores. Muchos artistas no ocultan que su única ambición es contentar a esos espectadores cortos de entendederas. Se trata de entretener con un pasatiempo a príncipes saliendo de una comilona, a banqueros que se dedican a la especulación y al obrero que sale de su fatigoso trabajo y llega al teatro en busca e reposo. Puro pasatiempo y distracción que no requiere esfuerzo.

burgueses en la ópera

Burgueses en la ópera mirándose unos a otros. La ópera les aburre profundamente.

Así de depravada y estúpida ha sido nuestra civilización basada en la estupidez. El arte se ha convertido en una mercancía. El artista busca su enriquecimiento y la fama. Para ello, debe contentar a los ricos de cuna. El arte tiene como misión favorecer el mantenimiento del orden existente. Por eso, el estado lo subvenciona. También hay que contentar al proletariado para que olvide su miseria.

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El nuevo opio del pueblo.

El artista griego se sentía pagado por su propio goce de la obra de arte y la aprobación del público. Aquí podemos hablar de auténtico Arte, lo que vino después no fue sino “oficio” artistico. Hemos podido constatar con horror la encarnación perfecta del espíritu del cristianismo en una manufactura algodonera: a favor de los ricos, Dios se ha convertido en la industria moderna que mantiene la vida del pobre obrero cristiano tan sólo hasta el momento en que las constelaciones mercantiles estimen necesario otorgarle la divina gracia de enviarlo a un mundo mejor. Todos buscan su redención por su dios… y nuestro dios es el dinero, nuestra religión, el lucro.

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Wagner coincide con Marx en que el dinero es nuestro Dios.

El arte verdadero es revolucionario. Sin una humanidad libre por encima de todas las barreras nacionales no es posible un arte auténtico.

Hemos de librarnos del yugo deshonroso del capitalismo universal que, con su alma fría del dios dinero, nos esclaviza. Hemos de luchar por alzar a la humanidad libre con el espíritu vivificador del amor universal.

¿Dónde está la fuerza humana que contrarreste la presión de una civilización que todo lo paraliza, que reniega plenamente del hombre? ¿Cómo luchar contra la tiranía de una cultura que sólo utiliza el genio humano como fuerza motriz de una máquina? ¿Dónde está la luz que desvanezca las tinieblas de la cruel superstición reinante que no reconoce al ser humano ningún valor de por sí, sino como instrumento de estos poderes despóticos?

Si la civilización, partiendo del dogma cristiano de que la naturaleza humana es abominable, ha renegado del hombre, no ha hecho sino crear un enemigo que debe necesariamente destruirla, pues este enemigo es justamente la naturaleza misma, la única viva y eterna. La naturaleza humana dictará a las dos hermanas, cultura y civilización, su ley.

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Wagner fue compañero de barricada de Bakunin y mantuvo ideas ácratas.

La solución está en la Revolución, que se alimenta del orgullo del obrero cuando toma consciencia moral de su laboriosidad frente a la vagabundería depravada o la actividad inmoral de los ricos. Es imposible que el estado actual de las cosas tenga un futuro que no sea su fin y se llegue a un estado de la situación diametralmente opuesto, ya que la naturaleza tiende a seguir su cauce natural.

Hemos de huir de quienes pretenden hacer del hombre un ser servil, débil, estúpido y miserable, una criatura que no sabe amar. Su voluntad libre unida a la fraternidad universal acabará para siempre con ello. El trabajo material quedará encomendado a las máquinas y el hombre libre y creador será artista. Liberado del trabajo, podrá desarrollarse plenamente como persona sin que ni nada ni nadie coarte su creatividad.

Si para el hombre libre la subsistencia deja de ser el objetivo de su vida y la tiene garantizada a cambio de una actividad natural y proporcional, la industria dejará de ser nuestro tirano para convertirse en nuestro servidor, entonces la finalidad de la vida será la alegría de vivir y el arte no estará ensuciado por el dinero.

¡Utopia! Gritarán los sabihondos que pretenden dorarnos la píldora de nuestra moderna barbarie artística y social porque les conviene para su tropelías. Son los voceros a sueldo del capital. No les escuchemos.

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Burgueses saliendo del Liceu.

Llegará el día en que un pintor no tendrá que retratar la repugnante fisionomía de un millonario. El artista dejará de prostituir su fuerza creativa a cambio de una ganancia.

Hoy en día, las instituciones teatrales no son más que empresas industriales, incluso cuando reciben subvenciones del Estado. Mientras que el teatro no sea considerado como un medio para circular dinero y para la producción de un buen interés para el capital, no obedecerá a su verdadera razón de ser: la de ennoblecer a la humanidad. Para ello, debe librarse de la especulación capitalista.

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Palau de les Arts. La ópera debe ser para todos.

Es la única manera de que el hombre sea libre. El Estado y el Municipio deben tener la obligación de subvencionar el teatro tan bien que la dirección del mismo tenga un carácter puramente artístico, al servicio del hombre libre y no esclavo de la especulación y de la ganancia.

El juez será el público independiente. Pero para que sea auténticamente libre e independiente, es necesario hacer un paso hacia adelante: el público debería entrar gratis a las representaciones teatrales. Mientras que el dinero sea indispensable para todas las necesidades de la vida esto no será posible.

Esto tan solo podrá conseguirse mediante la revolución social. Las representaciones teatrales serían, entonces las primeras empresas colectivas donde desaparecería la idea del dinero y del lucro. A través de una educación artística llegará el día en que todos seremos artistas y podremos juntar nuestros esfuerzos en una tarea colectiva y libre, únicamente por amor a la gran causa del Arte, sin ninguna mira crematística que le es extraña.

De este modo, el Arte y sus instituciones serían modelo de todas las futuras instituciones colectivas. El mismo espíritu que hermanaría a los miembros de una corporación artística para alcanzar su verdadero objetivo debería reproducirse también en las restantes instituciones de nuestra futura vida pública y social de acuerdo con las más nobles facultades humanas.

Novecento

El futuro depende de nosotros. Luchemos por lo que es nuestro. Todo es de todos: la tierra y sus recursos, la educación, la cultura, la música…

Que así sea y que lo puedan contar nuestros nietos, como en el pasado se pudo contar que tras siglos de esclavitud, se acabó con esta nefasta institución. Lo que hoy parece irrealizable, por ser tenido por utópico, puede ser la realidad del futuro. Basta con que creamos en ello y luchemos por conseguirlo.

Salud.

        Festival aérea  Bismarck1894                                                                                   Festspielhaus de Bayreuth y Bismarck.

PS. Los sueños utópicos de Wagner no se cumplieron. Consiguió su propio teatro en el que llevar a cabo sus aspiraciones: El pueblo libre acudiendo a la ceremonia del arte. Sin embargo, no hubo monarca que financiara este propósito. Quienes acudieron allí fueron emperadores, reyes, financieros, acaudalados burgueses…, es decir, los de siempre. A Nietzsche le sentó muy mal y abandonó el festival. No era eso, Richard, no. Wagner, solícito entre sus excelsos visitantes, no reparó en su amigo. Debía agasajar a quienes podían financiar el proyecto. Al final, todo fue cuestión de dinero. El canciller Bismarck, a quien Wagner combatió en su juventud, acudió a la première junto al Káiser Guillermo. Wagner le pidió ayuda financiera, pero se la negó.

 Bayreuth_Festspielhaus_2006-07-16  katharinaandeva

                                    Katharina y Eva luciendo sus galas – nunca mejor dicho – en Bayreuth.

En la actualidad el Festival de Bayreuth es uno de los más elitistas del mundo. La rigurosa etiqueta que lucen sus asistentes nos dicen bien claro que el sueño de Wagner, de una Arcadia utópica a la griega donde el pueblo libre participaba de las representaciones de manera catártica es un sueño que a lo más que llegó fue a la pesadilla nazi de los soldados heridos y obreros del armamento aburriéndose en los Festivales de Guerra obligados a ir al haber sido invitados personalmente por el mayor monstruo que le creció al wagnerismo. Un enano con bigote que ensució el nombre de Wagner mientras asesinaba a millones de personas.

¡Que suene la música! ¡Danzad, malditos!

 

 

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Quant a rexval

M'agrada Wagner, l'òpera, la clàssica en general i els cantautors, sobretot Raimon i Llach. M'interessa la política, la història, la filosofia, la literatura, el cinema i l'educació. Crec que la cultura és un bé de primera necessitat que ha d'estar a l'abast de tothom.
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